viernes, 11 de diciembre de 2020

(EE.UU.) Corte decidirá el destino del Tesoro de Guelph, las joyas de las Cruzadas que habían sido compradas por Hitler

Corría el año 1935 cuando Hermann Göring, el comandante en jefe de la Luffwaffe y uno de los hombres más poderosos del III Reich, encontró una verdadera colección de joyas que harían las delicias de su líder, Adolf Hitler. Göring era conocedor de la pasión de Hitler por los artefactos religiosos, místicos y de poder que había repartidos por el mundo y, casi por casualidad, se encontró con un tesoro con el que poder agasajar a su superior: el conocido como Tesoro de Guelph. Ahora, 85 años más tarde de aquella transacción, se inicia un juicio para determinar a quién pertenece.

El Tesoro de Guelph era, originalmente, una colección de 82 artículos que fueron obtenidos por las Cruzadas durante las Guerras Santas de la Edad Media. Esta colección fue llevada a la Catedral de Brunswick (Braunschweig, Alemania), pero en 1671 pasarían a manos de John Frederick, duque de Brunswick, quien los entregaría a la Capilla de la Corte de Hannover, donde estarían ocultos hasta el año 1803. Sin embargo, en 1929, ante los problemas económicos existentes en Alemania, el entonces duque de Brunswick, Ernest Augustus, decidió vender buena parte de este tesoro... momento en el que comienzan las dudas sobre su propiedad.

Un total de 42 piezas fueron vendidas por 7,5 millones de marcos a un consorcio de marchantes de arte alemanes de origen judío quienes, solo seis años después, decidieron deshacerse de estas propiedades. Los problemas económicos de Alemania iban en aumento y el antisemitismo de la zona era ya una realidad, lo que provocó que este grupo de expertos decidiera buscar un comprador para obtener un dinero en efectivo fundamental en la época: lo que no sabían es que estaban vendiendo aquellas 42 piezas —por 4,5 millones de marcos, por mucho menos de los que lo compraron—, a un grupo de agentes de Hermann Göring. 

Tras obtener este tesoro, Göring se lo regaló personalmente Adolf Hitler, quien decidió colocarlo en el Museo Bode de Berlín. De hecho, esta impresionante colección continúa expuesta allí desde el año 1935, pero, ahora, han comenzado una serie de juicios por determinar la verdadera propiedad de este tesoro. ¿El motivo? Los herederos de aquellos marchantes de arte que vendieron esta increíble colección a los agentes de Göring sostienen que se vieron obligados a venderla por coacciones de los poderes nazis debido a la persecución a la que los judíos se vieron sometidos en aquella época.

El principal problema está en que la otra parte, la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano, encargada de supervisar el Museo Bode, sostiene que, aunque es conocedora de las coacciones a las que se vieron sometidos los judíos por el régimen nazi, la venta de esta colección es una excepción, al considerar que los 4,25 millones de marcos que recibieron por este tesoro es una compensación justa. Y, por tanto, se consideran como los propietarios legales del Tesoro de Guelph.

De hecho, Hermann Parzinger, presidente de la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano, asegura que existen documentos que demuestran que estos comerciantes judíos trataron de vender la reliquias antes de 1935, pero que se negaron a hacerlo al no obtener un precio justo en el mercado de arte por culpa de los problemas económicos de Alemania. Esta situación ha dado lugar a que comiencen las primeras audiencias del juicio en la Corte Suprema de Estados Unidos, donde se está dirimiendo el proceso para determinar a quién pertenecen en realidad una serie de joyas que, en la actualidad, están valoradas en unos 215 millones de euros. ->>Vea más...

FUENTE: Con información de Rubén Rodríguez - El Confidencial
 

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