domingo, 14 de febrero de 2021

(Colombia) Qué pena con los venezolanos (+Opinión)

Por: Daniel Samper Ospina -
Se lo dije a mi esposa a las claras, mientras empacaba la maleta y al mismo tiempo miraba el noticiero:

—¡Nos vamos cuanto antes de este país!
—¿Y como a dónde, o qué? —preguntó cargada de paciencia.
—A donde sea: ahora sí llegó el castrochavismo.

La pobre no entendía nada, pero es que a duras penas sigue las noticias: ni siquiera tiene cuenta de Twitter ni sabe lo que es un meme. A lo sumo un Memo. Como Memo Fantasma.

—A ver: tranquilízate y respira —me dijo con una dulzura que se le suele reservar a los hijos, no a los esposos, y comenzó a desempacar lo que ya había metido—. Cuéntame qué te pasa.

Detesto cuando me habla de esa manera, casi con misericordia, como si no tuviéramos la misma edad: es el mismo tono que utiliza cuando me va a apagar la Play Station porque ya jugué lo suficiente, por ejemplo.

—Que nos vamos —insistí— porque la situación política comienza a parecerse a la de Venezuela: mira las noticias.
—Ni que hubiera ganado Petro, que era lo que decías en una época…

Y tenía razón: en campaña presidencial alguna vez alcancé a decir que si Petro obtenía el triunfo, y nos convertíamos en otra Venezuela, tendríamos que irnos. A Venezuela, precisamente.

Pero esta semana las noticias demostraban que el país es una republiqueta triste de la que hay que huir sin chistes de por medio: Álvaro Uribe, el mismo caudillo que sugería cerrar las Cortes y reemplazarlas por una sola de su confianza, plantea ahora la candidatura de su hijo Tomás, nuestro Ramsés Trujillo, y de paso propone expropiar la EPM; suena como viceministro de Defensa el hijo de Carlos Holmes Trujillo, con lo cual el gobierno demuestra el valor que le da a la meritocracia: si alguien tiene el mérito de ser hijo de un ministro (o de una ministra, como Alicia Arango) podrá ostentar un alto cargo público. Y el presidente Duque es el hombre meme, el meme ambulante, y enseña en televisión a rendir el jugo de naranja mientras acomoda en su bolsillo al fiscal, a la procuradora y a las mayorías del Congreso. Es un mandatario que no respeta los contrapesos: a lo sumo los sobrepesos. Dios mediante el jugo de naranja sea light.

Cada titular parecía decir a los gritos que somos una Venezuela de mejores maneras y la artillería de los noticieros no ayudaba. Al revés: empeoraba la situación, porque salpicaba las notas graves con informes de farándula.

—Y ahora sacan a un señor de la tercera edad al que su hijo le da la sopa: ¿qué tipo de noticia es esa? —me quejé mientras persistía en mi exilio y doblaba y acomodaba unos calzoncillos en la maleta.
—Ese señor es Plinio Apuleyo, al que tú mucho le admiraste varios libros. Y no se está tomando una sopa: está recibiendo una condecoración —me explicó.
—¿Y por qué tiene ese babero entonces?
—Esa es la condecoración, precisamente…

Fue después de esa noticia cuando por primera vez en dos años apareció un titular del gobierno de la equidad que despertó mi respeto: informaba sobre la decisión de Iván Duque de regular a casi un millón de migrantes indocumentados.

Aparte de acabar de una vez con Tu voz estéreo, es el único resultado de su presidencia digno de aplauso.

Jorge Alfredo explicaba entonces en qué consistía la medida. Ya no habrá migrantes venezolanos indocumentados. A todos ellos les devolverán la dignidad que el dictador de su propio país les arrebató. Tendrán derechos a la  salud, a la educación. No serán parias. Podrán vivir en Colombia sin riesgos de deportación, disfrutar de nuestros paisajes, ser legislados por Jorge Cárdenas: ¡incluso ser santafereños! ->>Vea más...
 
FUENTE: Artículo de Opinión – Los Danieles
 

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