martes, 22 de junio de 2021

(Alemania) Los abusos causan división en la iglesia católica

Algo está crujiendo en el catolicismo alemán. La eterna pugna entre conservadores y reformistas en el seno de una de las iglesias nacionales más influyentes se ha agravado recientemente a raíz de los escándalos de abusos a menores y la mala gestión procedente de la parte alta de la jerarquía.

La situación es tan tensa que, ante la falta de cambios y nula asunción de responsabilidades, el arzobispo de Múnich y expresidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Reinhard Marx, ha puesto su cargo a disposición del Papa. Mientras tanto, decenas de sacerdotes, en abierta rebeldía con Roma, han empezado a bendecir a parejas homosexuales pese al expreso rechazo del Vaticano. El desgaste en la iglesia católica alemana es evidente. Algunos ven la amenaza de un cisma.

A la sorpresa siguió la conmoción. "Cada uno tiene que asumir sus responsabilidades", aseguró Marx ante los medios poco después de difundir la carta que le había dirigido a Francisco. En ella le ofrecía renunciar a su cargo de arzobispo para enviar a las víctimas la señal de que los abusos a menores tenían consecuencias en la iglesia católica. Hasta ahora, ningún jerarca de la institución había dado el paso, algo que tenía muy molesto al cardenal, miembro del grupo C9 que aconseja al papa en materia de reformas.

Había razones para exigir consecuencias. Un informe independiente encargado en 2018 por la iglesia católica alemana documentó al menos 3.677 casos de abusos sexuales a manos de 1.670 religiosos entre 1946 y 2014. La mayoría de las víctimas eran menores de 13 años. Uno de cada seis fue abusado. Y las asociaciones de víctimas y el propio cardenal Marx aseguraron que esto era solo "la punta del iceberg". Además, otro estudio centrado en la archidiócesis de Colonia, una de las más ricas del mundo, consignó al menos 314 casos de abusos a menores e identificó a 202 presuntos victimarios. Sin embargo, la iglesia se limitó a pedir "perdón" tras sentir "vergüenza" por lo ocurrido. Se discutieron posibles compensaciones económicas, pero no se llegó a nada en firme.

"Coraje" ante la "catástrofe"

Francisco tardó menos de una semana en contestar a Marx, una respuesta inusualmente rápida para los tiempos del Vaticano. Rechazó su renuncia y le pidió que siguiese con su "rebaño". Admiró su "coraje" al dar semejante paso ante la "catástrofe" de la gestión de los abusos sexuales a menores y la "tremenda realidad del pecado". Le pidió continuar con su labor, aunque Francisco debe saber que la figura del arzobispo de Múnich no está exenta de polémica. El cardenal ha sido criticado por no haber investigado las sospechas de abusos de su diócesis cuando era obispo de Tréveris (2002-2007) y por no haber hecho público un informe sobre este tema mientras dirigía la archidiócesis.

Además, Francisco instó a la iglesia en general a afrontar la crisis, admitir abiertamente lo sucedido y cambiar el rumbo. "Los silencios, las omisiones, el dar demasiado peso al prestigio de las instituciones solo conducen al fracaso personal e histórico, y nos llevan a vivir con el peso de tener esqueletos en el armario", afirma el Papa en su escrito.

En los escritos de Marx y Francisco importaba tanto lo que se decía como lo que quedaba implícito. Porque en ambos había apuntes que solo podían referirse al polémico arzobispo de Fráncfort, el también cardenal Rainer Maria Woelki, perteneciente al ala más conservadora de la iglesia. Woelki encargó a un bufete de abogados una investigación independiente sobre los abusos a menores en su archidiócesis y lo paró cuando estaba a punto de publicarse porque, como acabó trascendiendo, se evidenciaba que él mismo había ocultado las denuncias contra un sacerdote amigo.

Sin embargo, el cardenal accedió este marzo a publicar un segundo informe y admitió que en Colonia se habían encubierto "sistemáticamente" los casos de abusos a menores. Entre 1975 y 2018 reinó en la archidiócesis un "sistema de silencio, secreto y descontrol", algo que "nunca debería haber sido así", reconoció el propio Woelki, quien sin embargo se negó a dimitir, como le exigían víctimas y colectivos de feligreses. "Una renuncia así sería solo un símbolo fugaz", argumentó.

El inmovilismo de Woelki llevó a Francisco a dar el inusual paso de enviar a Colonia una comisión apostólica, decisión que se dio a conocer apenas unos días antes de que Marx pusiese su cargo a disposición. Esta misión, liderada por el cardenal arzobispo de Estocolmo, Anders Arborelius, y el obispo de Rotterdam y presidente de la conferencia episcopal holandesa, Johannes von den Hende, busca lograr una "imagen de conjunto" de las tensiones y problemas dentro de la archidiócesis e investigar en concreto el "comportamiento" de sus principales cargos, con Woelki a la cabeza, "con los casos de abusos sexuales". ->>Vea más...

FUENTE: Con información de Antonio Martínez - El Confidencial
 

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