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lunes, 18 de abril de 2022

(Colombia) Perdón social para… (+Opinión)

Por: Daniel Samper Ospina - Pensaba escribir sobre la foto triste de Iván Duque en la ONU mientras sus coequiperos, atrás, jugaban con el celular y se escurrían en sus sillas: había que ver las caras del embajador Fernández de Soto, de la propia Martuchis, del doctor Emilio Archila, todos exultantes, como si estuvieran al borde de gritar que vida no hay sino una y que hay que vivirla sabroso; y había que ver, además, al presidente perfeccionista hablando a los rusos con el ceño fruncido, como si ya fuera todo un señor hecho y derecho y estuviera a un paso de dar instrucciones al general Ajúa para que irrumpiera con sus tropas a Siberia con la orden de hacer con la comunidad siberiana (sibarita, diría el mandatario) lo mismo que con la de Putumayo.

Pero sucede que justo en ese momento estalló el Petroescándalo de la Semana Santa ambientado previamente por el propio Gustavo Petro con la propuesta de extender un perdón social a las ovejas descarriadas, y decidí entonces suspender el paseo familiar que teníamos planeado para las vacaciones y dedicarme en cuerpo y alma a leer a Derrida, como el propio candidato recomendaba para explicar el encuentro de su hermano Juan Fernando con Gordo Garcia, masacrador de Macayepo, y otros políticos delincuentes. De ese modo podría comprender que la campaña del candidato humano no cometió una jugada turbia y torpe que le puede costar la presidencia, sino que el propio Petro usó a Iván Moreno para adueñarse de la temática electoral  del perdón en la mismísima semana de pasión, como solo lo había hecho en el pasado Papá Lindo con Barrabás. Salvo que Papá Lindo jamás leyó a Derrida. Punto para Petro.

Cuando el propio candidato anticipó la noticia, imaginaba que el perdón sería eje central de su programa para vivir sabroso. Lo visualizaba acondicionando un balcón en la plaza de Bolívar para organizar jornadas de perdón. El presidente humano se recostaría en un diván de terciopelo, el pelo raído envuelto en una corona de laurel, las carnes cubiertas por una sábana: el racimo de uvas en la mano. Gustavo Bolívar y Roy Barreras lo abanicarían con hojas de palma. En franela y paños menores, mi tío Ernesto tocaría el arpa. Y entre uva y uva, y uno que otro maní, el emperador humano otorgaría perdones a la muchedumbre con un megáfono:

—Otorgo perdón social a Zuluaguita por ponerse a hacer coreografías de tik toks después de los sesenta años —diría.

—Otorgo perdón social al peluquero de Rodolfo Hernández por haberle puesto esos implantes tan chimbos, como diría Vargas Lleras: es que se les ve hasta el precio —diría de nuevo, ante el clamor popular. 

La ovación lo alentaría a pronunciar ante la multitud una pieza de oratoria comparable al discurso de “Tengo un sueño” que alguna vez dijo Martin Luther King y posteriormente puso en práctica Roberto Gerlein en el Congreso (y Sergio Fajardo en su campaña):

—Otorgo perdón social a Reinaldo Rueda por plantear partidos definitivos con esquemas de juego cobardes; a Alexandra Montoya por retirarse de Máster Chef; a Marbelle no por su racismo, pero sí por su discografía; otorgo perdón social a quienes duran en la cama lo que Polo Polo en el Senado y a quienes piden changua al desayuno.

Pero posteriormente un informe de Ricardo Calderón en Noticias Caracol develó que el asunto no parecía el anuncio de una nueva doctrina cristiana del caudillo de Ciénaga de Oro, sino el anticipo estratégico a una noticia que parecía de conocimiento inminente: que el hermano del posible primer mandatario de la nación, que trabaja en la Comisión Intereclesiástica, se había reunido en la cárcel La Picota con Iván Moreno, el Gordo García y otros delincuentes de cuello blanco, según el reportaje para cambiar apoyos por reformas y rebajas. 

Más grave que lo anterior, el propio hermano de Petro procuró dar explicaciones de la reunión desde un hospital, con una bata de paciente a través de la cual se le exhibía el pecho, todo esto porque, según advertía, lo había picado un alacrán: ¿no podemos ser medianamente normales al menos en el momento de dar cuentas por un escándalo? ¿Podría Juan Fernando Petro al menos cerrarse la bata?  ¿De cuál partido era el alacrán? ¿Es el hermano de Petro el mejor plantado de los Petro? ¿Esa es la paz de Petro? ¿El hermano de Petro es mamón?

Noticias Uno posteriormente publicó un informe en que, a la par que sucedían los encuentros, el abogado de Kiko Gómez, que ayudó a ingresar al doctor Juan Fernando a la Picota, ponía a circular una falsa carta de Petro con su programa de descuentos para los presos. Esto permitió que los hechos se mezclaran y la propia campaña denunciara que todo había sido un entrampamiento de la derecha (que de forma audaz, diría uno, envió al hermano de Petro a hablar en la cárcel y puso previamente al candidato a hablar de perdón social en entrevistas radiales y a citar a Derrida). ->>Vea más...
 
FUENTE: Artículo de Opinión – Los Danieles
 

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