miércoles, 31 de mayo de 2017

(Panamá) Las grabaciones que dejó Manuel Antonio Noriega

Manuel Antonio Noriega, el hombre que supo callar, romperá su silencio después de la tumba. En Francia inició sus escritos en la prisión de La Santé de París, en 2010, mientras cumplía su condena de siete años de cárcel por lavado de dinero. Llegó de Miami, Florida, Estados Unidos, a la capital del amor con una caja de documentos y se aseguró de que en caso de que la justicia francesa le impidiera conservarlos en su celda, los papeles estuvieran resguardados con el cónsul de Panamá en Francia, quien accedió a su petición. Finalmente el juez concedió su deseo al exdictador, quien también contaba con una computadora en la cárcel que le sirvió para escribir parte de estos textos.
‘Al llegar a Panamá el compromiso era que le darían casa por cárcel. Dicen que Martinelli lo visitaba en su celda en la noche',

ARISTIDES GÓMEZ

EX CÓNSUL DE PANAMÁ EN PARÍS

Extraditado a Panamá en diciembre de 2011 y trasladado a la cárcel El Renacer, donde al momento de su muerte cumplía otra condena acumulada de hasta 60 años, empezó a grabar sus recuerdos, documentos que están siendo transcritos para ser editados en el extranjero. Su familia participa en este proyecto, cuyo contenido es un misterio, como todo lo que rodeó a Noriega, maestro de los secretos, propios y ajenos.

Noriega escribía mucho y hablaba poco, pero no con cualquiera.

LA CIUDAD LUZ

Los últimos 28 años de su vida, desde 1989, los pasó en el encierro, condenado por los delitos que le imputaron en tres diferentes países por lavado de dinero, asociación para delinquir y colaboración con el narcotráfico. Todo mientras, además, gobernaba a la sombra el país.

En la penúltima etapa de su vida carcelaria, trasladado directamente del aeropuerto al juzgado parisino donde sus abogados pedirían al juez una medida de casa por cárcel, Noriega estaba abatido.

Procedente de EE.UU., ‘cuando llegó, y pasó al palacio de justicia francesa, fui a visitarlo y le serví de traductor. Los abogados le explicaban lo que tenía que decir en el juicio. Noriega estaba desorientado, venía de viajar toda la noche y la audiencia fue en la tarde', rememora el entonces cónsul de Panamá en París, Aristides Gómez. Las indicaciones se centraban en hablar de su condición de salud, y en convencer al juez de que él no estaba en capacidad de escapar.

Su abogado era uno de los mejores, Oliver Metzner, quien también fue abogado de Muamar el Gadafi.

‘Se cree que los gastos del juicio de Noriega corrieron por cuenta de Gaddafi', dijo una fuente que vivió de cerca el proceso.

Noriega recibió la agria condena francesa que estuvo a punto de rebatir con uno de sus secretos. ‘Iba a develar la venta de un armamento por parte del gobierno francés a Argentina que posteriormente (1982) entró en un conflicto bélico con los ingleses, aliados de los primeros. Los abogados le sugirieron que no lo hiciera, y que nuevamente guardara el secreto', manifestó la misma fuente.

Mientras Noriega pagaba condena en París por un caso que él consideraba un montaje, entabló una especie de amistad con el diplomático que intentaba explicarle las complicaciones de su extradición a Panamá. El gobierno panameño envió tres peticiones de extradición, pero en vez de que esto acelerara el proceso como se pensaba en el istmo, los trámites en Francia complicaron el proceso. ‘El compromiso era que le iban a dar casa por cárcel después de unos meses. Pero no fue así. Dicen que Martinelli lo visitaba en la cárcel en la noche', indicó el informante.

Nunca se cumplió el supuesto trato. Noriega permaneció en prisión desde el 2011 hasta unos días antes del 7 de marzo pasado cuando fue intervenido para extirparle un tumor benigno que terminó provocándole la muerte el pasado lunes, cuando ya contaba 83 años de edad.

Si dejó un testamento, dice su abogado Ezra Ángel, fue meramente para cuestiones personales. Pero no quiso entrar en detalles. Da la impresión de que no hay grandes riquezas para repartir. Las bonanzas que obtuvo de la época en que controlaba el paso de droga por Panamá se esfumaron.

NORIEGA Y LA DROGA

Fue un peón de los servicios de inteligencia norteamericanos. Un emplanillado de la CIA, pero ni siquiera ese vínculo le sirvió a la mayor potencia del mundo para removerlo del país. El negocio de la droga era monopolizado por Noriega y su gente. Avionetas cargadas con cocaína pagaban un derecho a pista para aterrizar en Panamá en su escala hacia el norte. Luego, volvían repletas de billetes que entraban al sistema bancario panameño. En la década de los 80, eso no era un delito. Los bancos recibían la plata sin preguntas. El problema era contarla, las oficinas de algunos gerentes quedaban tapizadas de billetes. No existían las máquinas que hoy simplifican la tarea.

El hecho de que se conociera que Noriega estuviera relacionado con el narcotráfico era vergonzoso para los ‘gringos', que toleraron estas actividades durante años, según establecen algunas de las más completas biografías del MAN, como también se le conocía.

Noriega fue acusado por los norteamericanos de permitir al cartel de Medellín la construcción de una planta procesadora de cocaína en el istmo y de dar refugio a narcotraficantes.

‘Desde que lo conozco fue hermético. Como una piedra. La única vez que lo noté más desenvuelto fue en el juicio de Miami cuando acusaba a George Bush padre por su situación. Quedó abrumado con la condena de 40 años', describe el excoronel Roberto Díaz Herrera.

ANTES DE PARTIR

El periodista Rubén Murgas vio a Noriega, su amigo cercano, unos días antes de ser intervenido en el hospital. Lo invitó a una única cena formal en su casa a la que insistió que acudiera. Estaban en compañía de la familia y otro amigo muy cercano pero más joven. No hubo un tema de conversación en especial. Noriega acababa de llegar a casa de su hija hacía pocos días gracias a la excarcelación temporal concedida para prepararse para la operación. Se sentía optimista. Saldría bien de la cirugía. Se encomendó a Dios.

ANTES DE ENTREGARSE

Enrique Jelenszky era amigo del nuncio Sebastián Laboa en la época de la invasión. Estuvo en el cuarto de alado de Noriega mientras éste se refugiaba de los militares norteamericanos que habían llegado para despojarlo del poder en 1989. Dormía solo, pero el resto de los refugiados, 17, se apretaban en el comedor.

Jelenszky cuenta que un 26 de diciembre se escuchó un ruido muy fuerte. Noriega nunca cerraba la puerta del cuarto. En la ventana de él, al otro lado, se podía ver a un gringo apostado en un estacionamiento contiguo con un arma apuntándolo las 24 horas. Era tortura sicológica.

El ruido estremeció a los inquilinos de la Nunciatura. ‘Yo era un joven opositor de 24 años. Noriega me dijo con un gesto que me acercara, le expliqué que al lado de la Nunciatura los gringos improvisaban un helipuerto con aplanadoras'.

El susto rompió el hielo entre Noriega y el joven civilista. ‘Una vez me dijo: sólo somos moléculas. Él estaba muy acostumbrado a vivir temores', declaró Jelenszky.

Por la noche, ambos coincidían en el patio interior de la Nunciatura. Conversaban sobre política. Noriega vaticinaba una tragedia para el país porque tras su derrota se combinarían dos ingredientes peligrosos: la política y el dinero, los negocios de los poderosos. Entre las personas que más admiraba estaba uno de sus más acérrimos adversarios, Ricardo Alberto Arias Calderón. ‘Por su integridad', dice Jelenszky.

‘Noriega era muy inteligente. Lo supe por los temas y el lenguaje que usaba, además de su dominio de la política exterior', apunta el testigo.

Su último año nuevo en libertad lo pasó dentro de la Nunciatura, a solo unos días de entregarse a Estados Unidos. ‘Hubo una cena formal pero Noriega no compartía la alegría. Sirvieron vino. Era la primera vez que el nuncio se sentaba a compartir con su inquilino. Pero en vez de usar la copa para brindar, la uso para apagar una vela que adornaba la mesa', recuerda Jelenszky.

En un momento de encrucijada sabía guardar silencio a pesar de los reclamos de sus allegados militares que le preguntaban en son de reclamo cómo la CIA permitía que le ocurriera eso.

El nuncio temía que las masas irrumpieran en la representación vaticana. Estaba a punto de desarrollarse una marcha y se decía que los ‘gringos' iban a quitar el cerco de seguridad. Las conversaciones entre Noriega y el nuncio auguraban la posibilidad de entregarse.

El 3 de enero todo se tornó tan tenso que Jelenszky decidió abandonar la Nunciatura. Esa noche, Noriega se entregó. Frente a un hombre acorralado, Jelensky se dio cuenta de que el dictador que dominaba el país, también era un hombre amedrentado, con sus debilidades. En aquél momento, se le hacía imposible concebir que la persona que odiaba era el hombre que veía, callado, que hacía la antesala de su encierro en un cuarto austero con una televisión y un libro de Isabel Allende, ‘La casa de los espíritus'. En esa misma habitación había dormido Guillermo Endara, uno de sus perseguidos, la cama aún no se había enfriado.

ALBERTO ALMANZA, PRESIDENTE DE LA COMISIÓN DE LA VERDAD, SE SIENTE FRUSTRADO DE NO HABER PODIDO REVELAR LA VERDAD SOBRE LOS DESAPARECIDOS DURANTE LA ÉPOCA DE LA DICTADURA MILITAR.

‘Noriega va a ser recordado por el código del silencio. Como uno de los líderes de los momentos más negros de la historia del país. Que los corazones de las madres de los desaparecidos lo culpan de los hechos, a veces aunque no esté incriminado, pero al negarse a hablar sobre los hechos, como seguramente conocía detalles por ser miembro del G2 grupo de inteligencia militar. Por eso más crece el sentimiento de que fue protagonista o encubrió los crímenes.

Almanza se lamenta, por ejemplo, de la información que se lleva el militar sobre la muerte de Hugo Spadafora.

Un cable desclasificado, enviado de la embajada de Panamá al Departamento de Estado en Washington . D.C. Estados Unidos, fechado en septiembre de 1978 revela la conexión entre los sandinistas y Spadafora. Más tarde, en 1985, un papel similar, describe un informe secreto que detallaba las condiciones del cuerpo decapitado que había sido hallado con numerosas laceraciones en la espalada, cuello, el hombro y el tórax. Quien redacta el cable cree que las fuerzas de defensa estaban detrás del asesinato del también exministro de salud. La cabeza de Spadafora nunca fue hallada, tampoco el autor material de este crimen.

En la provincia de Chiriquí, aún hay 37 desaparecidos.

Entre ellos, Almanza recuerda a un muchacho de 17 años, Alonso Sabín Castillo (detenido en 1968 y desaparecido).

En este caso, dice, Noriega sabía lo que le ocurrió al joven porque era el encargado del cuartel de David. Sus padres, todos los días le llevaban comida al cuartel, pero de repente les dijeron que lo habían liberado y nunca más apareció. Por dos años, los padres (hoy fallecidos) acudieron al cuartel para verlo, pero nunca les permitieron acceso. El régimen no daba posibilidad de apelar al derecho. Los padres buscaron sus huesos hasta el último día que vivieron.

Otro dirigente de la Democracia Cristiana, Candelario Torres Sánchez, que hacía proselitismo en tierras altas de Coclé también fue desaparecido. Una patrulla de los militares lo hirieron y golpearon. Sus restos si aparecieron. ‘Pero siempre se manejó la idea de que Noriega tuvo responsabilidad en este crimen porque era jefe del G2', dijo Almanza.

Almanza reflexiona y recuerda su papel cuando buscó osamentas por todo el país en forma infructuosa. ‘Uno aspira a que por lo menos, como una manera de indemnizar o de hacer justicia, es devolver a los familiares la verdad. Decirles cómo murieron y dónde estan los cuerpos de sus familiares. El silencio de los militares lo impidió, no es que inculpo a Noriega, pero él sí sabía y se lo llevó a la tumba. No solo les quitaron a sus familiares, sino que se les privó de conocer cómo desaparecieron y quienes los mataron'.

FUENTE: Adelita Coriat - http://laestrella.com.pa