miércoles, 26 de julio de 2017

(España) Mariano Rajoy en El País de Nunca Jamás

Todos recordamos El País de Nunca Jamás, la isla fantástica creada por James Matthew Barrie y llevada al cine por Walt Disney. En ella habitan Peter Pan y todos los personajes que lo acompañan. Se dice que si uno pasa allí una larga temporada, le es difícil volver a su antigua vida y recordar su pasado. Mariano Rajoy ha habitado durante cuatro décadas en El País de Nunca Jamás; y en la mañana de este miércoles, desde el estrado de la Audiencia Nacional, nos ha invitado a una excursión de dos horas por ese mundo fantástico en el que, aparentemente, suceden cosas inauditas.
Este no es un testigo normal, pero no solo por el cargo que ocupa. Habitualmente un testigo es un colaborador, un aliado del tribunal. Puesto que nadie lo acusa de nada, se espera de él que proporcione, si la tiene, información que sirva para esclarecer lo sucedido y ayude al juez a realizar su labor. Los testigos acuden desprotegidos: van sin la compañía de su abogado y se les exige que digan la verdad, porque se supone que nada malo puede derivarse para ellos de su testimonio.

Obviamente, no es el caso de Rajoy. Su presencia en el tribunal era un campo sembrado de minas, y todo el interés de la sesión era si pisaría alguna. Acudiendo formalmente como testigo, en realidad era un acusado virtual. Pasar de esa condición a la de reo efectivo dependía en gran medida de que no diera un paso en falso. El interrogatorio ha sido el que se hace a un procesado. Todas y cada una de las preguntas han hurgado en la posible implicación del testigo en los hechos que se juzgan; y todas las respuestas sin excepción se han orientado a zafarse de esa amenaza.

En teoría, Rajoy tenía dos frentes que atender. Por un lado, el judicial. Se trataba de no aportar ningún dato que complicara aún más la causa para el PP o disparara la lengua de los acusados; y de hacerlo eludiendo a toda costa una inculpación por perjurio. Por otro lado, estaba el frente político: aprovechar la mañana para avanzar en la tarea de convencer al país de su inocencia y la de su partido.

En la preparación de esta declaración prevalecieron los abogados sobre los asesores de imagen

Claramente, ha elegido el primer objetivo y ha postergado el segundo. En ningún momento se ha esforzado por negar los hechos, solo le ha interesado afirmar que él los desconocía. No buscaba que lo creyeran, sino que no lo empapelaran por un renuncio. En la preparación de esta declaración han prevalecido claramente los abogados sobre los asesores de imagen.

Para ello, ha montado un 'catenaccio' sobre una falacia: la supuesta separación radical entre el ámbito de la gestión política y el de la gestión económica en un partido. Cualquiera que conozca mínimamente el funcionamiento de las organizaciones políticas sabe que eso es un cuento chino. La gestión de los recursos económicos de un partido preocupa a sus dirigentes en la misma medida en que la política de ingresos y gastos del Estado importa al presidente de un Gobierno.

¿Qué decir de las campañas electorales? No hay una decisión más política en una campaña que administrar los recursos disponibles, adecuando su uso a su volumen y a los objetivos de la estrategia. Determinar la prioridades, saber de cuánto dinero se dispone y cómo se distribuye. He participado desde dentro en más de 60 campañas electorales, y les aseguro que todos los directores de campaña que he conocido han pasado tanto o más tiempo reunidos con sus administradores que con sus estrategas. Mariano Rajoy sería el primer director de campaña económicamente 'ciego' de la historia electoral universal.

El otro pilar defensivo de su declaración ha sido la reiteración obsesiva del 'nunca jamás'. Así, este miércoles hemos sabido que:

-Durante los 30 años que lleva en la dirección nacional de su partido, Mariano NUNCA JAMÁS se ocupó de las minucias económicas. NUNCA JAMÁS habló con sus tesoreros sobre las finanzas del partido que dirigía. Lo que no le impidió, en una excepción providencial, tener tiempo para enterarse de que un proveedor (Correa) utilizaba el nombre del PP en vano y dar la orden (que no se cumplió) de que dejaran de contratarlo.

-En esos 30 años, el comité ejecutivo del PP NUNCA JAMÁS debatió los presupuestos del partido. Aparecían sobre la mesa de reuniones unos papeles con cifras (ni siquiera acudían a presentarlos el tesorero o el gerente) y se aprobaban sin mirar y sin que nadie pronunciara una palabra. Jamás, por ejemplo, una organización territorial reclamó más dinero en el reparto, jamás una secretaría pidió que se le aumentaran los fondos, como sucede en todos los demás partidos del mundo. Visto y no visto, la nimiedad de los dineros pasó por la dirección política nacional del PP sin romper ni manchar.

-El PP lleva 18 congresos nacionales y en todos ellos ha estado Rajoy, pero él NUNCA JAMÁS supo quién los organizaba. Incluso el famoso congreso de Valencia en 2008, en el que se jugaba la vida y que, sin él saberlo, organizó el tal Correa pese a que tres años antes lo había desterrado. Esto es como lo de las campañas: cualquiera que haya vivido por dentro el congreso de un partido sabe de sobra que controlar al que lo organiza es políticamente decisivo para ganarlo. Puedes desentenderte de las ponencias, pero no de los fontaneros.

Cualquiera que haya vivido por dentro el congreso de un partido sabe de sobra que controlar al que lo organiza es políticamente decisivo para ganarlo
Así que toda la declaración ha sido un constante viaje de ida y vuelta entre dos polos: "Lo recuerdo perfectamente" y "Nunca jamás". Cómo se transita sin pestañear de una cosa a la otra es un arte reservado para maestros del ocultismo político como Rajoy.

Lo que hemos aprendido este miércoles es que, en términos políticos, Rajoy da por amortizada la batalla de la corrupción y ya solo aspira a controlar los daños judiciales —empezando por los que pudieran tocarle a él— y esperar que el tiempo y los errores ajenos hagan su trabajo. A tal efecto no le viene nada mal una crisis constitucional como la que se avecina para salir del pantano y adornarse de nuevo con el ropaje del estadista, contando con la infinita torpeza de sus adversarios.

Un personaje de los que habitan El País de Nunca Jamás afirma que cada vez que alguien dice "yo no creo en las hadas", en alguna parte cae muerta un hada. Eso es lo que ha querido prevenir nuestro Mariano, transmutado en Peter Pan, con el cuento de hadas que le ha contado al tribunal.

FUENTE: Con información de Ignacio Varela - http://blogs.elconfidencial.com