domingo, 16 de junio de 2019

Un Estado Endeudado, una sociedad endeudada. (Herencia inaudita) (+Opinión)

Por: José Dídimo Escobar Samaniego - Los informes sobre la deuda pública externa de Panamá, dan cuenta de que el país podría sumar entre el Gobierno Central, entidades autónomas y el Canal de Panamá, además de los compromisos firmados con proyectos como la carretera costera o corredores del pacífico hasta San Carlos por más de mil millones, la salvaje destrucción de la cuenca del Canal en la ampliación del Puente de Las Américas hasta Arraiján por un elevado costo de más 340 millones y todo lo pendiente de los metros podríamos estar hablando de un consolidado cerca de los 32 mil millones de balboas de deuda pública, representando peligrosamente 50% del Producto Interno Bruto,
lo cual para pagar el servicio de la misma, se necesitan recaudar de nuestros impuestos, cerca de cuatro mil millones por parte del Estado cada año, lo que implicaría que el gobierno entrante, deberá tomar medidas angustiosas, porque no existen formas para poder atender la necesidad de inversiones nuevas y necesarias, sin recurrir al endeudamiento que ha hecho crisis, además del serio déficit fiscal que nos deja el régimen de Varela.

Si bien se tiene pronosticado por algunas calificadoras de riesgo internacional que, la economía panameña crecerá sobre 5.7% para el próximo año, no se puede desconocer que Panamá se ha convertido en un exportador de capital neto, signado por la repatriación de las utilidades de las empresas extranjeras, y las considerables remesas que drenan el capital nacional que podría apuntalar y ser la base financiera de las nuevas inversiones que el país requiere con urgencia. Es decir, tenemos una economía saludable, solo en apariencia, la deuda pública nos agobia, por lo que la sociedad no percibe, como efecto ocurre que, la situación haya mejorado en lo económico, sino todo lo contrario.

En los últimos diez años, la deuda pública saltó de 11 mil millones de balboas a la friolera de 32 mil millones, lo cual indica que nos hemos endeudado en la última década por más de 21 mil millones y mucho de ese dinero ha quedado en manos de forajidos que lo atracaron con una diversidad inmensa de mecanismos de corrupción que hoy nos frenan abruptamente la posibilidad del desarrollo económico nacional sano.

Pero si el Estado anda mal en el manejo de su deuda, la sociedad panameña también esta pasando por similar condición. Una gran parte de la sociedad, debe la casa, el carro, la educación, seguros de salud, vacaciona y hace compras con crédito. La cultura del crédito no es mala per se, pero su no adecuado buen manejo, lleva la economía de los hogares a la ruina, sobre todo porque a pesar que el dinero en el mundo está a bajo intereses, las empresa financieras en Panamá, imponen tasas de interés que rozan el 24% de interés anual, una auténtica especulación agiotista y que mantienen a miles de familias en estado de desasosiego, porque esas mismas empresas tiene al Estado de su parte, que le cobra a las personas, sin ningún costo, el descuento directo por la Contraloría General de la República, y si se demora en el pago lo ejecutan en los tribunales Civiles, a través de juicios ejecutivos perversos, y los ciudadanos, terminamos financiando el cobro de esas deudas privadas, por cuanto el 70% de los negocios jurídicos en los tribunales civiles, lo representan procesos ejecutivos donde obligan a los deudores a pagar deudas agiotistas y donde las personas pierden los bienes y quedan empobrecidas y rematadas hasta con otros bienes que pudieran estar a su nombre.

Toda esta situación crea un clima psicológico de alta tensión, que termina en enfermedades como el stress, cuando no ansiedad y por último hasta en problemas coronarios, todos distantes de la paz que anhelamos y que afectan a miles de familias y personas y que se agregan como elementos que sustentan los altos niveles de violencia en los que estamos inmersos.

Las empresas analistas de riesgo, tienen previsto que durante este año y el próximo, el crédito general aumentara un 9%, pero en el país, debemos hacer lo que mi padre me enseñó en las jornadas que compartíamos en los sembrados de arroz, maíz y frijoles, tirando machete, herencia que aún no he olvidado, y es que me decía mi Padre que “uno se debe arropar, solo hasta donde nos alcance la manta”, refiriendo esta enseñanza respecto de nuestro andar responsable, sin echar sobre las espalda de los demás, los beneficios o disfrute a que aspiramos.

El manejo irresponsable del crédito público, como el privado, no puede continuar, porque, estamos comprometiendo de manera absolutamente irresponsable el futuro de nuestros hijos y nietos a quienes estamos transfiriendo no riquezas, sino desgracia y penas. Y eso, nos hace ruines y perversos y en modo alguno tenemos cara, para presentarnos a ellos como una generación que fue en su momento solidaria y altruista. Es hora de empezar a hacer las cosas de otra manera para poder obtener resultados distintos.

*¡Por un país decente y una patria para todos!*

¡Así de sencilla es la cosa!

FUENTE: Artículo de Opinión
 

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