lunes, 5 de agosto de 2019

(Polonia) Sexo, colocón y ruina: la trampa para desplumar turistas

Nadie lleva paraguas en este soleado día de julio. Nadie excepto Kasia (nombre supuesto), quien con su ropa ceñida y provocativa llama la atención de los turistas que inundan el centro de Cracovia. Son las seis de la tarde de un lunes, pero ya se puede ver a varios grupos de extranjeros —la mayoría de ellos británicos— con dos objetivos para sus vacaciones polacas: beber hasta el límite e intentar ligar con alguna belleza eslava. Bajo su paraguas, Kasia observa a uno de ellos y sonríe. Ya ha encontrado su presa.

—¡Hola! Os invito a un cabaret con espectáculo, la primera cerveza gratis— les dice en inglés. Los "angolu" (equivalente en polaco al "guiri" español) aceptan y se pierden dentro del club, cuyos amplios ventanales están cubiertos por cortinas de terciopelo rojo.

Es muy posible que alguno de ellos se despierte al día siguiente en su hotel, o incluso en la calle, aún bajo los efectos de algún narcótico y con la tarjeta de crédito tan vacía como sus recuerdos de las últimas horas. Si la vergüenza o las prisas no le impiden acudir a denunciar a la Policía, se encontrará con que es uno más de los cientos de hombres desplumados en uno de los tantos clubs de 'striptease' que han convertido a Polonia en una trampa para turistas sexuales.

Esto contrasta con la apuesta del país por el turismo como una de los puntales de su economía, una industria que facturó 26.900 millones de euros —la mitad proveniente de 18,3 millones de visitantes extranjeros— y supuso un 6% del PIB del país en 2017. Pero estos casos no parecen alertar a las conservadoras autoridades polacas, pese a que perpetúan la fama mundial del este de Europa como uno de los mayores destinos para el turismo sexual. ->>Vea más...

FUENTE: Con información de MIGUEL Á. GAYO MACÍAS - El Confidencial
 

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