jueves, 2 de enero de 2020

(España) Tragos de salud: Evidencias a favor de los efectos saludables del vino

La dieta mediterránea, basada en el consumo de aceite de oliva virgen extra, cereales integrales, hortalizas, legumbres y frutos secos, junto a un consumo moderado de pescado (principalmente azul), productos lácteos (fermentados), carne (principalmente blanca) y vino, ha sido y es actualmente sinónimo de dieta saludable. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es uno de los patrones dietéticos más saludables del mundo, ya que son muchos los estudios que han demostrado con el muy alto nivel de evidencia científica que la población que sigue esta dieta tiene una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión arterial, obesidad, enfermedades neurodegenerativas e incluso determinados tipos de cáncer.

El vino (principalmente tinto) es, junto al aceite de oliva y los cereales (pan), uno de los pilares de esta dieta mediterránea. En este contexto, merece destacarse un estudio publicado en la revista Bristish Medical Journal que concluyó que un 20% del efecto protector de la dieta mediterránea se debía al consumo moderado de vino.

El vino contiene esencialmente una proporción baja de alcohol, alrededor del 12-14%, y también muchos otros componentes bioactivos como los polifenoles. Desde hace más de 20 años, numerosos estudios epidemiológicos (más de 100) han concluido que la relación entre el consumo de alcohol y mortalidad total sigue una curva en “J”, de modo que los consumidores moderados de alcohol presentan una menor mortalidad total que las personas abstemias y, por supuesto, mucho menos que los bebedores excesivos. También se dispone de numerosas evidencias científicas de los efectos protectores del consumo regular de polifenoles, del vino y otros alimentos, como aceite de oliva virgen extra, fruta y hortalizas, sobre la salud.

No obstante, a pesar de estas evidencias, recientemente han aparecido dos artículos en la revista The Lancet que han concluido que el consumo ideal de alcohol debía aproximarse a “cero”. Aunque estos estudios han sido criticados por supuestos errores metodológicos, puestos de manifiesto en cartas al director en la misma revista, lo cierto es que la difusión del mensaje que ha prevalecido en los medios de comunicación ha sido el original. Paralelamente, han ido apareciendo otros trabajos sobre los efectos beneficiosos del consumo moderado de bebidas alcohólicas, como, por ejemplo, uno publicado en la revista JAMA Network Open (2019) sobre los efectos protectores del vino y otras bebidas alcohólicas en el deterioro cognitivo. Los bebedores ligeros, edad media de 78 años, presentaron una reducción del 55% (!) en el riesgo de desarrollar una demencia. ->>Vea más...

FUENTE: Con información de RAMÓN ESTRUCH - El Confidencial
 

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