jueves, 6 de febrero de 2020

(Colombia) ¿Los hermanos Castaño Gil realmente están muertos?

Nadie ha visto nunca los cadáveres ni las tumbas de los narcotraficantes, paramilitares y asesinos en serie Fidel, Vicente y Carlos Castaño Gil. Además, se han caído judicialmente todas las versiones de quienes en distintos momentos han asegurado que los tuvieron enfrente. Carlos, incluso, en su libro de factura neonazi (Mi confesión) relató la manera heroica como, bajo un diluvio imaginario, él mismo exhumó los despojos mortales de Fidel, su hermano mayor. Fue una sarta de mentiras.

En cuanto a Vicente, recientemente se impidió el cierre de los procesos penales en su contra. Alexandra Valencia, magistrada del Tribunal Superior de Justicia y Paz, concluyó en una ponencia que se convirtió en sentencia:

“Hasta la fecha no aparece en las bases de datos de personas desaparecidas del Instituto Nacional de Medicina Legal, como tampoco cuenta con decisión administrativa ni judicial en la que se tenga soporte el esclarecimiento de la desaparición o muerte de Castaño Gil”. Es decir, para la justicia colombiana, Vicente Castaño no está muerto.

Fidel es el mayor de los tres hermanos Castaño Gil. Nació en Amalfi, Antioquia, y hoy debería tener 66 años de edad. Se inició a los 14 años en la minería ilegal del oro; luego, pasó al área de robo, venta y compra de carros usados y en 1977 se incorporó al comercio de cocaína del cartel de Medellín, comandado por Pablo Escobar. Esta última actividad lo llevó a vivir en Israel, París y Nueva York, donde estableció oficinas de comercio de obras de arte, principalmente falsificadas. El mejor negocio que hizo en este campo fue con un óleo supuestamente original del pintor colombiano Fernando Botero. En el año 81, presumiblemente las FARC, secuestraron al padre de los Castaño Gil y lo asesinaron no obstante haber pagado la mitad del rescate. De allí proviene la guerra a muerte que los tres hermanos emprendieron contra esa guerrilla, la que, además, cuando no le pagaban los "impuestos" que les cobraba, les saboteaba las rutas y los embarques de cocaína hacia Estados Unidos y Europa, que manejaron durante años. ->>Vea más...

FUENTE: Artículo de Opinión - Gonzalo Guillén - Semana
 

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