domingo, 5 de julio de 2020

(Colombia) “El estudio no sirve para nada” (+Opinión)

Por: Gustavo Bolívar - Transcurría el año 2002. Estábamos en la ciudad de Pereira, de paso hacia Manizales, con el elenco de la serie “Pandillas Guerra y Paz” que escribía por esa época, atendiendo una invitación a mediar en el conflicto entre dos pandillas del barrio Solferino, cuando se me acercó una niña, como de unos catorce o quince años y me preguntó si yo era el director de la serie. Le respondí que era el libretista y el director periodístico del programa. Me dijo que ella quería ser actríz y me indagó por los requisitos. Le dije que básicamente necesitaba prepararse, estudiar para ganar el casting. De su respuesta nació el libro “Sin tetas no hay paraíso”.

Me dijo que ella no quería estudiar porque “el estudio no servía para nada”.

Ante tamaña respuesta, dada por una joven de su edad, sentí la necesidad de ahondar en el porqué. Me contó que su hermana, que ya había terminado el bachillerato, estaba trabajando de mesera en un restaurante pobre, mientras que las niñas de su curso (noveno grado) que se habían retirado del colegio, ya tenían su motico, su ropa de marca, sus buenos relojes y que incluso algunas ya le habían mandado a arreglar la casita a sus mamás.

Sentí que esas palabras encerraban el síntoma de una sociedad enferma. Y aunque traté de convencerla de su error, con el tiempo comprendí que Catalina tenía razón. En una sociedad donde la herencia del narcotráfico es enriquecerse rápido y fácil; en un país donde la práctica de los políticos corruptos es el clientelismo (vote por mí o hágame campaña que yo te nombro), en un contexto de guerra donde el poder de un arma suplanta el poder del conocimiento, no es descabellado pensar que el estudio no sirve para nada.

Lo vemos a diario conversando con un agrónomo conductor de Uber o con un economista conductor de Taxi, por citar solo dos ejemplos.

Pero el puntillazo final a dieciocho años de cavilaciones luego de haber escuchado aquella frase triste y lapidaria, lo sentí hace pocos días, a mediados de esta semana, cuando leí la respuesta a un mensaje que la joven Julieth Carranza le envió a nuestra consul en Buenos Aires, la señora María Clara Rubiano. Palabras más, palabras menos, la joven de veinte años, estudiante de medicina, una de los casi cien mil jóvenes que emigran anualmente al exterior en busca de educación de calidad, le suplicaba a la funcionaria que le ayudara a embarcar en un vuelo humanitario porque su madre, de quien dependía su manutención en Argentina, había perdido el empleo por la pandemia y su situación en aquel país era insostenible.

Pues la señora Maria Clara, le respondió a Julieth como lo hiciera Catalina aquella tarde:

“Esta es una experiencia difícil… espero les deje la enseñanza a los jóvenes que creen que con estudiar alcanza”.

El subtexto es claro: no sean ilusos, chinos pendejos, el estudio no sirve para ni mierda. Tienen que tener palancas. Tienen que hacer campaña por algún corrupto si quieren conseguir un buen empleo. Tienen que vender sus principios si quieren acomodarse en un puesto sin importar si tienen las calidades necesarias, como el que ella misma ostenta saltándose la carrera diplomatica. Es una bachiller con un curso de “tasador, martillero público” que nada tiene que ver con sus funciones, entre las que no están, comportarse con nuestros jóvenes y con sus padres que les pagamos su sueldo, como una verdadera indolente.

De historias de personajes que no estudiaron pero que alcanzaron altos puestos a base de recomendaciones políticas, favores sexuales, trabajos electorales, o simples servicios de matoneo en redes sociales, están plagadas nuestras entidades públicas. Para no ir tan lejos, 33 de los 60 embajadores que tenemos en la actualidad no tienen mérito alguno para estar en sus cargos, tres de ellos apenas alcanzan el grado de bachiller y otros tantos no terminaron sus carreras o estudiaron programas que nada tienen que ver con el servicio diplomático como un médico (en la embajada de Panamá) o un cónsul con carrera técnica en mecánica automotriz (en República Dominicana)

Entre los que no tienen mérito, es decir, los que no han hecho carrera diplomática, están, la suegra del abogado de mafiosos y corruptos, Abelardo de la Espriella, la señora Regina Arachuan Dahl, primer secretario (funciones como cónsul) de la embajada de colombia en los Estados Unidos. ->>Vea más...

FUENTE: Artículo de Opinión - cuartodehora.com
 

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