lunes, 13 de julio de 2020

(Colombia) La Noche de los Lápices

Comenzó en Colombia la operación «La Noche de los Lápices»
Por: Urías Velásquez - Al inicio del segundo capítulo de su libro: ¿Qué pasó el 9 de abril? Escribe Eduardo Santa: “hay fechas en la historia de todos los pueblos que son como hitos que sirven para las grandes demarcaciones cronológicas y puntos de referencia inevitables”, pues bien, puede ser que la noche de ayer, 10 de julio de 2020, sea una de esas fechas que advierte Santa porque el país comienza horrorizado a vivir en firme lo que en redes sociales ya se conoce como «La Noche de los Lápices Colombiana» en alusión a la famosa película argentina que muestra como la dictadura en ese país perseguía, secuestraba y asesinaba a todo aquel que osaba expresarse diferente.

Y es que la estrategia que sigue el gobierno ilegitimo de Iván duque es la misma que siguió el dictador argentino Videla a mediados de los años setentas:

Primero, la entidad judicial encargada –en el caso nuestro, la Fiscalía General de la Nación- forja falsos positivos judiciales que le permiten asechar sin tregua a sus víctimas. Victimas cuyo único pecado es pensar diferente, o mejor dicho: pensar. Casi siempre estudiantes desarmados y sin recursos económicos para huir del asedio. Jóvenes que, exhaustos por el régimen de terror y muerte imperante, se atreven a levantar la voz en contra del tirano: ese sí con todos los recursos económicos a disposición y armado hasta los dientes. Anoche el turno fue para la twittera @SraPatria. A quien la Fiscalía implica –supuestamente- en delitos cibernéticos. Aunque todos sabemos que es simplemente una estratagema, una vulgar treta para intimidarla a ella y a través de sus miedos al resto de nosotros. Una cobarde estrategia para acallar su voz apoderándose del medio que usa para expresar sus reclamos justos: sus computadoras y su teléfono celular.

Segundo, y siempre durante la noche –parafraseando al gran Jean-Paul Marat: «semejantes a los cobardes, qué, incapaces de batirse a las claras con sus contrarios, buscan un asesino que a favor de las tinieblas vengue sus resentimientos»– el tirano envía a “los héroes de la patria” a maltratar, intimidador y golpear una víctima indefensa y desprevenida: entran brutalmente, vociferando, rompiendo vidrios y puertas, derribando mujeres, pateando niños, agrediendo a todo el que se les atraviesa. Y, en ningún caso, presentando los papeles legales que autoricen el allanamiento. Tal vez porque saben que en un Estado fallido eso no es necesario o tal vez porque saben que de ese modo el procedimiento se hace más temerario.

Tercero, y acto seguido, meticulosamente buscan en cada rincón, lo revuelcan todo, lo rompen todo, para finalmente llevarse aquello que les resulta sospechoso, en el caso de anoche, los aparatos electrónicos en donde se pueda almacenar información: computadores, discos duros, memorias, celulares, todo.

Cuarto, después y sin otra opción, la victima amedrantada se ve obligada a ir a la U.R.I más cercana a presentar la denuncia. Denuncia que es obligada pues de no hacerse el afectado queda como un mentiroso. Denuncia que, por lo demás, es parte del plan urdido por el Estado criminal que persigue, pues es en esa diligencia en la que se termina de desnudar a la víctima, y allí –en lo que aparentemente es un acto legal- se recopila hasta el último detalles: el domicilio actual, los amigos, las actividades recientes del perseguido, a donde se irá después de la demanda.

Quinto, y al siguiente día (y después del movimiento en redes que es lo único que tienen a su favor los twitteros – y esto gracias a que existieron los movimiento de juntarse todos como #SigamonosLosBuenso y #AntiuribistaSigueAntiuribista-) los periodistas del régimen: Vicky Dávila, Luis Carlos Vélez, Néstor Morales, Enfermedad Hernández –y otros, cientos de otros, tantos como alcanza a pagar el régimen, ya sea con dineros públicos como el caso de Hasam Nassar o con dineros privados como los otros mencionados- salen a justificar lo acontecido. En el caso de Dávila y Morales la cosa es tan demencial que la primera no duda en alentar a que surjan sicarios que orienten su actuar hacia los twitteros y el segundo no tiene reparo en decir al aire que los twitteros son simplemente disidentes de las FARC camuflados en la redes. Disidencias que, por lo demás, los pobres sindicados no solo desconocen sino que, además, repetidamente condenan. ->>Vea más...

FUENTE: Urías Velásquez - @UriasV - cuartodehora.com
 

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