miércoles, 2 de septiembre de 2020

(Colombia) Con fiebre de 40 (+Opinión)

Por: Fernando Garavito -
Domingo 10 de febrero de 2002

El repunte del candidato de ciertas yerbas del pantano en las encuestas presidenciales, demuestra con toda claridad que el país sigue con fiebre de 40. Al terminar el Frente Nacional elegimos a López Michelsen, que representaba exactamente lo contrario, que iba a acabar con la dictadura bipartidista, a extender las fronteras ideológicas, a defender los intereses populares, a rescatar la economía. Pero resultó un fiasco, y en consecuencia elegimos a Turbay Ayala, que representaba exactamente lo contrario, que iba a acabar con la dictadura bipartidista, a extender las fronteras ideológicas, a defender los intereses populares, a rescatar la economía. Pero resultó un fiasco, y en consecuencia elegimos al bate Belisario, que representaba exactamente lo contrario, que iba a acabar con la dictadura bipartidista, a extender las fronteras ideológicas, a defender los intereses populares, a rescatar la economía. Pero resultó un fiasco, y en consecuencia elegimos a Virgilio Barco, que representaba exactamente lo contrario, que iba a acabar con la dictadura bipartidista, a extender las fronteras ideológicas, a defender los intereses populares, a rescatar la economía. Pero resultó un fiasco, y en consecuencia elegimos a Gaviria, que representaba exactamente lo contrario, que iba a acabar con la dictadura bipartidista, a extender las fronteras ideológicas, a defender los intereses populares, a rescatar la economía. Pero resultó un fiasco, y en consecuencia hago un paréntesis para caer en que luego elegimos a Pastrana, que representaba exactamente lo contrario, que iba a acabar con la dictadura bipartidista, a extender las fronteras ideológicas, a defender los intereses populares, a rescatar la economía. Pero resultó un fiasco, y en consecuencia nos aprestamos a elegir a un individuo idéntico a Pastrana pero que es exactamente lo contrario.

Ambos adolecen de la misma confusión mental, ambos sufren de vaguedad incontenible, ambos tienen desocupado el cerebro, y no producen un discurso sino un parkinson. Sólo que el uno cree que la paz se logra con tembladera y el otro con disparos; que el uno tiene bigotico y el otro pestañas; que el uno mide 1.50 y el otro 1.51. Diferencias sustanciales que se anulan cuando se piensa que al uno lo eligió Tirofijo y al otro lo eligirá Tirofijo. A Pastrana, porque en este país de símbolos insignificantes, el guerrillero, que pertenece a la época de los relojes de arena, salió por la televisión con un relojito que tenía en el cuadrante la figura del candidato. A Uribe, porque a las Farc les conviene la guerra. Nuestros estrategas de salón piensan que el establecimiento tiene el triunfo entre el bolsillo y que la intervención de los Estados Unidos inclinará la balanza a favor de un generalato lleno de condecoraciones, de perfiles y de nulidades. ¡Por favor! En una guerra absurda como la que trae en sus espuelas el caballista del pantano, tendrán que pasar muchos años de crímenes de lesa humanidad para que uno de los dos bandos se imponga sobre el otro. A las Farc no las derrotará la elección de un tipo. Su poderío económico es inmenso. Sus batallones se mantienen en pie de lucha, y se mantendrán mientras ellos cuantifiquen el ideal guerrillero en el salario mínimo. Y que no se crea que la guerra en Colombia seguirá los mismos parámetros de la de Afganistán que, entre otras cosas, produjo en cuatro meses cuatro millones de desplazados. ¿Es eso lo que quiere el país? ¿Estamos dispuestos a sacrificarle nuestro futuro y la vida de nuestros hijos a la mediocre ambición personal de un neoliberal a ultranza, sin unas mínimas condiciones éticas, sin ejecutorias, sin nada qué mostrar como no sea el descalabro financiero de Antioquia, el despropósito de la ley 100 y el sometimiento de nuestra integridad a oscuros intereses que no se atreven a decir su nombre? No quisiera creer que sí. Aunque nuestra vocación suicida no ceja, valdría la pena distinguirla de la estupidez. La estupidez, que no es otra cosa que votar por Uribe y por la guerra.

FUENTE: Artículo de Opinión - La Nueva Prensa de Colombia
 

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