miércoles, 2 de septiembre de 2020

(Colombia) Daniel Samper Ospina: Duque visita Samaniego (+Opinión)

Por: Daniel Samper Ospina - Son las ocho de la mañana y el presidente de la República baja a la cocina y picotea los sobrados que encuentra en la primera estufa de la nación.

—¡A raspar la olla, como dijo el ministro Carrasquilla! —bromea con el personal de cocina, excompañeros todos de la Facultad de Derecho de la Sergio Arboleda a quienes ha conseguido ubicar en la nómina estatal para que ellos también repartan tajadas y preparen mermeladas.

En el justo momento en que —acaso por primera vez en su mandato— se anima a destapar una olla, María Paula Correa, su mano derecha, lo llama por el teléfono Falcon.

—Otra masacre, Presidente —le informa—: nos toca viajar a Samaniego.
—No digas masacre —la corrige el presidente de todos los colombianos—: suena brusco. Di homicidio colectivo.
—Hablas con la boca llena: ¿otra vez rompiste la dieta? —reclama ella.
—Prefiero decir: Suspensión Temporal del Control Preventivo de Ingesta.
—Ponte el tapabocas, por favor: es para momentos como este.

La noticia del viaje no le gusta. Le preocupa no preparar en persona la emisión de hoy de Prevención y acción, su exitoso programa de televisión, máxime cuando pensaba lanzar el segmento comercial “Prevención y Acción, el arrancagrasa”. Sería el primer anunciante de su programa.

Pero el plan debe esperar. El presidente se enfunda entonces los apretados bluyines oscuros que reserva para salir a las regiones, casi nuevos; asegura el estuche de las gafas Rayban en el cinturón. Y en menos de lo que imagina, sobrevuela Colombia, rumbo a Samaniego, mientras recibe informes de sus asesores. Su consejero de seguridad, por ejemplo, le muestra el estudio de la firma Du Brands: ya tienen clasificados en positivos, negativos y neutrales a los opinadores que hablan del gobierno.

Sopesa lo que debe hacer con esa información. Su amigo José Obdulio Gaviria le diría que neutralice a los negativos, asunto desafiante en una persona positiva como él. Por lo pronto, pide una nueva clasificación: la de los falsos positivos.

La aeronave aterriza y el presidente baja de primeras y besa la tierra. Ahí está Samaniego, a sus pies. Conque era eso.

Las calles hierven de gente. Animado ante los rayos de sol, decide recorrerlas a pie y lamenta no haber traído los naipes para hacer magia ante algunos transeúntes. ->>Vea más...

FUENTE: Artículo de Opinión - Los Danieles
 

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