lunes, 15 de marzo de 2021

(Colombia) El venezolano malo llegó a la política (+Opinión)

Por Ewald Scharfenberg -
 Hace un poco más de tres años debí abandonar Venezuela, donde muy probablemente me esperaban el amordazamiento por orden judicial y la cárcel como castigos por mi legítima labor de periodista. Me instalé en Colombia gracias al consejo y el apoyo de gente amiga.
Desde que vivo en Bogotá me he encontrado con un clima de libertades que, aunque imperfecto y vulnerable a abusos y acechanzas, en Venezuela añoramos.

El periodista Ewald Scharfenberg (Caracas, 1961) fue corresponsal en Venezuela del diario español El País. Desde 2018 vive en Bogotá, donde dirige el premiado sitio de periodismo investigativo Armando.info.

También durante este tiempo he llegado a sentir admiración por la forma en que la clase política colombiana se viene resistiendo a echar mano, atizar y sacar provecho del sentimiento antivenezolano que aflora en las calles de la ciudad y en los estudios de opinión desde que un tropel masivo de inmigrantes llegados desde la frontera oriental, del que formo parte, prácticamente invadió la ciudad y el país.

Quizás nada similar ocurría en Bogotá desde que las tropas de llaneros venidas con Bolívar vivaqueaban en las calles de la recién liberada ex capital virreinal, en 1819, y hasta la ruptura de la Gran Colombia. Al menos a los ojos de muchos nativos, los nuevos venezolanos, aunque tan desarrapados como aquellos, no vienen a ayudar sino a pedir ayuda. Vienen a medrar; algunos, demasiados, mendigan. Otros roban. Los extraños siempre molestan en casa ajena, sobre todo cuando sus propietarios también pasan dificultades.

Sería muy fácil para ganar votos, y por lo tanto tentador, hacer de representante y amplificador de ese malestar, inevitable y casi natural, que anida en la calle. Es la dialéctica de las migraciones: gente que llega entre apremios, sin casi nada encima, frente a gente que no tiene nada claro sobre cómo recibirla, si con la razón o con las tripas.

No tengo cómo saber si ha sido por convicción o por obra de circunstancias políticas que las autoridades colombianas y la dirigencia de los principales partidos se abstuvieron hasta ahora de agitar el fantasma del venezolano que nadie ha invitado como causante de ciertas calamidades; el auge de la criminalidad y la escasez de empleos, entre ellas. En todo caso, lo que los hechos dicen es innegable, aún si se trata de un malentendido: el Estado colombiano se ha erigido, en contraste con otros de la región, como un ejemplo de humanismo en la recepción de migrantes. No es poco para un país que hasta hace nada tuvo una larga guerra interna con un saldo propio de desplazados. Para completar la paradoja, es el presidente Duque a la cabeza de un gobierno conservador quien desarrolla esa política progresista y hasta cristiana: cuenta con la sanción del propio papa Francisco, además de diversos organismos internacionales. ->>Vea más...
 
FUENTE: Artículo de Opinión – Los Danieles
 

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