sábado, 12 de junio de 2021

(EE.UU.) El polémico paraíso en Florida donde personas de la tercera edad viven su segunda juventud

Cantaba Neil Young en 'My, My, Hey, Hey (Out of the Blue)' aquello de "es mejor arder que irse apagando". Pero, una vez que se ha llegado a viejo, ¿por qué no seguir ardiendo? Para Lynne, a quien llaman 'Margarita Man', no hay ningún lugar mejor para vivir que The Villages,

porque ¿en que sitio puedes salir de copas los siete días de la semana cuando has sobrepasado la edad de jubilación? The Villages, en Florida, es el cielo de los viejos: una ciudad diseñada especialmente para jubilados, donde cada mañana es igual, donde se suceden las clases de aquaerobic, golf, bailes de salón, bailes orientales, y cualquier tipo de actividad que uno pueda imaginar. Y todas las noches, viudas pudientes recorren los bares buscando a su alma gemela. En 2018, en The Villages vivían alrededor de 78.000 personas y la media de edad de la ciudad era, atención, de 71 años. Hoy, The Villages y sus alrededores son el paraíso terrenal de 130.000 jubilados anhelando una segunda juventud en una especia de Disneyland para los retirados.

Y en esta distopía vetusta —pero no de espíritu—, se ha adentrado el cineasta floridano Lance Oppenheim en su documental 'Una clase de cielo', seleccionado en Sundance y que acaba de llegar a Filmin.

El documental, en el que es imposible no percibir cierta influencia de Martin Parr, es un tratado sobre el amor, sobre la vejez, sobre la muerte. Sobre la dificultad de adaptarse a un mundo que cambia, a un cuerpo que cambia, a la persona amada que, inevitablemente, cambia. Y sobre quienes se resisten a que los guarden como muebles antiguos e inútiles. Sobre quienes se rebelan frente al paso del tiempo. "Si me llevan a la cárcel, yo simplemente les enseñaré Tai Chi y adelgazaré", explica Reggie Kincer, 'youtuber', esposo de Anne desde hace casi cinco décadas y residente en The Villages —aunque parece que a su pesar—. Y precisamente esa disidencia —¿qué prefieres, la comodidad o la libertad?, se pregunta— lo ha convertido en uno de los protagonistas de un documental que intenta encontrar la verdad dentro de una ciudad manufacturada salida del 'Show de Truman'. "Estoy un poco sorprendido porque el jueves tengo un juicio porque el otro día me pillaron con seis gramos de THC [el constituyente psicoactivo del cannabis], que es un tipo de medicina india que claramente existía antes que el Tribunal Supremo, y también con lo que serían unos cuatro euros de cocaína, que obviamente yo no uso, pero que un tipo me dio en una fiesta y que metí en mi cartera porque no quería tirarla".

Oppenheim se adentra, precisamente, en las grietas de este paraíso idílico. En los inadaptados de un Duloc —la ciudad ideal de 'Shrek'— real en el que hasta esas mismas grietas están pintadas para, al menos, fantasear con una idea de realidad. Pero ¿qué tipo de gente lo vende todo para irse a vivir a una comunidad donde solo viven ancianos? "El problema en Estados Unidos es que cuando te haces viejo, no hay ningún lugar al que ir", explica Oppenheim. "La mayor parte de la gente que vive en The Villages son 'joviejos', no son viejos físicamente ni son dependientes, sino que quieren participar en esta mascarada, quieren tener una última fiesta y vivirla a tope antes de… ‘irse’ de este mundo. Si tu familia no quiere que te quedes con ellos, como anciano te encuentras de repente en un mundo muy alienante en el que a lo mejor vas a un restaurante y quien te toma la nota es demasiado impaciente contigo…".

Pregunta Oppenheim si en España hay algo parecido a The Villages. Le han comentado que en la Costa del Sol también hay mucho jubilado del norte de Europa que viene persiguiendo el sol. "La mayoría de los residentes de The Villages vienen de fuera de Florida, en busca del sol y el buen tiempo. Mucha de la gente que se muda a The Villages busca algo que no está exclusivamente relacionado con el clima, sino que tiene que ver más con un estado mental, un lugar que les recuerda a su juventud, de su pasado, de un tiempo en el que todo era menos confuso. En The Villages y ese tipo de comunidades segregadas ellos se encuentran cómodos porque están rodeados de personas que más o menos tienen la misma edad, que también tienen un espíritu joven y que aquí pueden volver a un tiempo en el que se sentían como tal. Además, pueden en un estado de feliz ignorancia sobre lo que ocurre en el resto del mundo en un lugar que está diseñado para entroncarse con su juventud. En The Villages hay más o menos un 98,3% de vecinos caucásicos y con ideas extremadamente conservadoras. Eso provoca que haya una selección del tipo de gente que quiere mudarse allí".

The Villages no es la única ciudad exclusivamente para jubilados de Estados Unidos. En julio de 2019, en todo el país había 54 millones de personas mayores de 65 años. Y en los últimos años han proliferado este tipo de paraísos de la jubilación. "Esto es como volver a la universidad. Aquí nos pasamos el día haciendo cosas, planeando, disfrutando de nuestro tiempo”, dice Cindy, una de las vecinas más jóvenes [de Celebrate, al norte de Virginia], de solo 57 años. “Yo me vine después del 11 de septiembre porque tenía miedo, pero es lo mejor que he hecho”, recuerda Martha, de 74, escribió el periodista de El Confidencial Ángel Villarino ya en 2015. Es la generación 'baby boom', que ha vivido la bonanza económica y que son un escalafón demográfico potente quienes, ahora, deciden acabar sus días en ciudades que urbanísticamente son réplicas de aquellas calles de su infancia.

"La más famosa [de estas ciudades] se llama The Villages, se encuentra en Florida, tiene ya unos 100.000 habitantes (más del 70 por ciento son mujeres) y más terreno habitado que Manhattan", escribía Villarino entonces. "Sus residentes votan masivamente al Partido Republicano y disfrutan de su célebre vida nocturna, reputación que contribuyó a cimentar Leisureville, un divertido libro en el que su autor, Andrew Blechman, habla de ancianas con sugerentes escotes ligoteandoen los bares, de intercambios de parejas, de orgías, de un mercado negro de Viagra y de una tasa de enfermedades de transmisión sexual superior a la de Miami (“nadie tiene miedo a quedarse embarazada y, por lo tanto, casi nadie se protege”)". ->>Vea más...

FUENTE: Con información de Marta Medina - El Confidencial
 

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