lunes, 13 de septiembre de 2021

(Colombia) Al oído de Isabel (+Opinión)

Por: Daniel Coronell -
Con increíble heroísmo volvió a empezar a los 75 años. Y, estoy seguro Isabel, de que se atrevió a hacerlo porque ahí estaba usted.

En estos días en los que todos nos sentimos huérfanos de Antonio Caballero. En los que, con justificado orgullo, la gente muestra una foto con él, la dedicatoria en un libro o cita una de sus frases, yo solo puedo pensar en usted, Isabel. 

La he visto tres veces en la vida y siempre por zoom. Trabajando para que la voz de su papá sonara, arreglando el encuadre para que leyera su columna frente al computador, haciéndole un poquito más fácil la vida para que aterrizara en un medio digital que no disfrutaba mucho y que quizás despreciaba. 

Entendía usted –tal vez mejor que él– que ahora para seguir existiendo estamos obligados a esforzarnos el doble. A hablar por aquí y por allá para que los lectores de antes, y los de ahora, nos sigan dando la oportunidad de trabajar para ellos.

El mundo del impreso, que era rey hasta hace unos años, fue achicándose hasta volverse insignificante. Siempre nos remuneraron con mezquindad. Cuando la revista dejó de ser un negocio millonario vendieron sus cenizas al mejor postor. De usted nadie se acordó. La independencia ya no era una virtud sino una tacha. El periodismo dejo de ser prioridad, se convirtió en un delgado barniz corporativo. Un pobre pretexto para alimentar los delirios del amo: Ganar reconocimiento, crecer egos, apalancar negocios, librar peleas, perseguir contradictores, absolver aliados y favorecer candidatos.

Antonio que –a pesar de haber nacido en cuna de oro– vivía de los centavos que le pagaban por escribir, renunció. No tenía cómo jubilarse o subsistir con los ahorros pero no se quedó a la fiesta del nuevo dueño. Con la dignidad que marcó siempre su vida, renunció. Saltó al vacío, a la angustiosa incertidumbre de no saber cómo cubrir la cuenta que iba a llegar el 15. Con increíble heroísmo volvió a empezar a los 75 años. Y, estoy seguro Isabel, de que se atrevió a hacerlo porque ahí estaba usted.

Por usted nos hizo el favor y el honor de llegar a Los Danieles. Por usted cumplía con abnegación de galeote los requerimientos de este mundo nuevo. El placer de escribir la columna, la jartera inmensa de leerla en cámara, de susurrarla mientras disimulaba el dolor de las neuropatías que lo agobiaban.

Años antes, para arrancarle una sonrisa a usted, pintó monos donde –quizás por única vez– se permitió una expresión pública de ternura. Con su inconfundible letra escribió:  “Te quiero, mi chiquitica. Tu papá” y para que no quedara duda sobre la destinataria de su obra señaló el autorretrato con una flecha: “Este soy yo, dibujándome para que me vea Isabel”. ->>Vea más...
 
FUENTE: Artículo de Opinión – Los Danieles
 

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