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domingo, 24 de abril de 2022

(Colombia) Más vale tarde (+Opinión)

Por: Daniel Coronell -
Mientras crecían las quejas por los servicios a los pacientes y las demoras en los pagos a los proveedores de Saludcoop, su presidente Carlos Gustavo Palacino se daba vida de magnate. En los últimos cinco años en el puesto recibió más de 13.000 millones de pesos entre sueldos y bonos. Los investigadores de la Contraloría encontraron los fabulosos gastos con tarjetas de crédito que cubría la entidad. Solo entre enero y mayo de 2009 pagó con esas tarjetas 505 millones de pesos.

Ninguna plata era suficiente. Saludcoop tenía además un crédito rotativo para “la presidencia”. Los investigadores encontraron que, a corte de 30 de julio de 2011, debía 236 millones de pesos de esos fondos que usaba como platica de bolsillo.

Con dineros de empresas de Saludcoop compraron lo que la investigación fiscal denominó “activos no operacionales”. Es decir, cosas que nada tenían que ver con su labor: diez lotes, un apartamento, un local y dos bellos automóviles BMW, uno era el 740i y el otro, el favorito de Palacino, un 750Li.

Le encantaba ese carro por el que Epsifarma, otro de los tentáculos del pulpo, pagó poco más de 550 millones de pesos. Solo había otros tres como ese en Colombia. Adoraba manejarlo él mismo, oler el fino cuero de las sillas, el exclusivo palo de rosa del tablero, programar el computador y sentir el pique de la máquina empujándolo contra la silla. 

Tan distinto a los buses malolientes de los que tenía que colgarse tratando de que no le raparan el maletín en el que cargaba las facturas cuando empezó su carrera como cobrador.

Ya no le gustaba viajar en aviones comerciales, los vuelos chárter llegaron a su vida un poco después que su afición por el golf. Se preciaba y se precia de su swing. 

Por la misma época en la que se hacía evidente la crisis del sector salud, se empezaba a hablar de “paseos de la muerte” por el peregrinar de los pacientes que no encontraban un hospital dispuesto a atenderlos y terminaban agonizando y muriendo en los andenes de entrada, se cerraban clínicas y hospitales que se iban a bancarrota o eran comprados a menosprecio por compañías de la red de Saludcoop, que llegó a controlar 43 empresas –por encima de la mesa– en su estrategia de integración vertical, los médicos y otros profesionales de la salud se empobrecían mientras los intermediarios engordaban; por esas mismas fechas Carlos Gustavo Palacino inauguraba un exclusivo resort de golf con 18 hoyos llamado Villa Valeria.

En el proyecto eran socios Carlos Gustavo Palacino y Jaime Barrero, presidente de la junta directiva de Cafesalud uno de los mayores satélites de Saludcoop. 

Muchos compradores del resort resultaron ser proveedores de Saludcoop. Recuerdo entre otros el Centro de Diagnóstico en Citopatología, la distribuidora de medicamentos United Pharma de Colombia, la IPS Diosalud, Laboratorios Genfar, Amarey Nova Medical, la firma JHAV McGregor S.A. –que tenía el contrato de auditoría del grupo Saludccop–, Angiografía de Colombia y el laboratorio farmacéutico Biopas.

Dos proveedores me contaron que los habían presionado a comprar: si no tenían casa en Villa Valeria tampoco tendrían contratos con Saludcoop. Le pregunté a Palacino en esa época si era cierto y lo negó.

Otro feliz propietario en Villa Valeria era Julio César Turbay Noguera, hijo de quien fuera contralor Julio César Turbay Quintero. Turbay padre se declaró impedido durante su período para investigar a Saludcoop. Su hijo había comprado dos casas por el precio de una. Mientras el papá era contralor, el hijo constituyó una firma llamada Equilibrium que asesoraba a Saludcoop en temas de ecoeficiencia, un asunto que se le da bien a los delfines.

Un congresista llamado Holger Díaz le escribió a Palacino pidiendo que le consignaran mientras discutían una ley que beneficiaba a los intermediarios de la salud: “Buenas noches, te envío el texto definitivo del proyecto aprobado en las comisiones séptimas, te quiero molestar porque hace 2 meses, no han vuelto a consignar, NIT 804010319-3. Muchas gracias. Holger”. 

A Díaz no le pasó casi nada. El Consejo de Estado le quitó su investidura cuando ya llevaba tres años por fuera del Congreso. A Palacino le pasó menos, ni siquiera lo llamaron a responder.

Esta semana, después de tanto tiempo haciendo estas denuncias, un juez condenó a Carlos Gustavo Palacino a diez años de cárcel y a pagar una multa de 296.000 millones de pesos. La sentencia es por los delitos de fraude procesal, estafa y falsedad en documento privado. La decisión establece que hubo un desvío de recursos parafiscales para incrementar un patrimonio privado. El desfalco se estima en 398.000 millones de pesos. Creo que el cálculo se queda corto. ->>Vea más...
 
FUENTE: Artículo de Opinión – Los Danieles
 

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