lunes, 5 de marzo de 2018

(España) El colapso de Puigdemont (+Opinión)

El jueves Puigdemont creía haber ganado la batalla a Rajoy (y a ERC). Había renunciado a su pretensión máxima (ser investido 'president' desde Bruselas), pero había sabido capitalizar mejor que nadie la victoria independentista del pasado 21-D, causada en parte porque Rajoy —pendiente del estado anímico de su tribu— no supo evitar que el proceso electoral se solapara con un proceso judicial en el que las acusaciones de la fiscalía llevaron a la prisión a varios dirigentes separatistas.
El jueves Puigdemont dio el paso atrás, pero a cambio de una serie de ventajas y victorias parciales. El parlamento de Cataluña, elegido por el 155, votaba que fue destituido ilegalmente y que era el presidente legítimo, que seguía gozando de la confianza parlamentaria y que se constituiría en Bruselas un Consell de la República, presidido por Puigdemont, que tendría, al menos sobre el papel, bastante poder sobre la política catalana. Además, designaba como presidente en el interior al segundo de su lista, Jordi Sánchez, lo que reafirmaba el poder de JxCAT y podía colocar a Rajoy en una situación política delicada si el Gobierno del PP, o el juez del Supremo, Pablo Llarena, impedían la elección de Sánchez alegando que estaba en prisión y que no podría haber investidura presencial.

Puigdemont se preparaba así para una campaña a favor de los derechos de Sánchez y los diputados electos y además reforzaba su predominio en la política catalana. Sin 'president' de la Generalitat con poder efectivo, seguiría reinando desde Bruselas y preparaba —tras la campaña a favor de los derechos de Jordi Sánchez— la elección de Jordi Turull, un dirigente de la antigua CDC sin mucha personalidad al que creía que podría manejar.

Y el viernes en una extraña comparecencia, en la que advirtió que llevaría a España ante la ONU por violación de derechos y acusó a Rubalcaba de ser "lo más negro de la política española", amenazó al Gobierno del PP con nada menos que un "colapso constitucional" si intentaba evitar la investidura de Jordi Sánchez.

Pero veinticuatro horas después es Puigdemont el que por tres poderosos motivos parece haber entrado en situación de colapso. ¿Estamos ante el principio del fin del poder del exilado de Bruselas?

El primer motivo fue la distancia respecto a la candidatura de Sánchez que tomó inmediatamente Sergi Sabrià, el portavoz parlamentario de ERC. Alegó que si el presidente legítimo se retiraba, el cargo debería corresponder al vicepresidente legítimo Oriol Junqueras, el líder de ERC, que como Sánchez está en prisión provisional sin fianza.

Sabrià no concluyó que se fueran a oponer a Sánchez pero dejó claro que todavía no había acuerdo y que la negociación para investir a Sánchez —o a Turull, la tercera opción de JxCAT— sería dura. La creencia de que Puigdemont había ganado, a la vez, la batalla al PP y a ERC empezó a perder fuerza.

Además, la reflexión "sugerida" era que Puigdemont podía tener el primer grupo parlamentario independentista, los 34 diputados de JxCAT, pero que una alianza ERC y la CUP tendría 32 más 4, o sea 36 diputados. Superaría a JxCAT y empataría con Cs. ¿Alianza ERC-CUP? No, simple ejercicio matemático.

De todas maneras, el golpe de gracia a la estrategia de Puigdemont se lo dio ayer sábado la CUP. La CUP desconfía de Sánchez desde que a finales del 2016 el entonces presidente de la ANC criticó que la CUP se negara a investir a Artur Mas. Y la CUP cree que Jordi Sánchez, que viene de la Crida Independentista y de ICV, es en realidad un hombre muy próximo a Artur Mas a través de la amistad entre Sánchez y David Madí, el hombre de la derecha independentista que ha sido el gran estratega de Artur Mas y que hasta hace poco gozaba del favor de algunos poderes editoriales catalanes y económicos de Madrid. Por ejemplo era el presidente del Consejo de Endesa en Cataluña.

Y la CUP decidió el sábado "por amplio consenso" abstenerse en la investidura de Jordi Sánchez, lo que en la práctica equivale a un veto duro y decidido. En efecto los independentistas tienen 70 diputados pero en la práctica solo 68 votos ya que Puigdemont y Toni Comín no han dimitido y no pueden votar. Si les restamos los cuatro escaños de la CUP, el independentismo se queda en 64 diputados por lo que Jordi Sánchez sería derrotado ya que el total de votos no independentistas —que salvo milagro votarían en contra de Jordi Sánchez— es de 65. Desde el PP (4) a Cs (36), PSC (17) y ECP (8).

Y el argumento de que Puigdemont y Comín podrán delegar el voto si la Mesa del parlamento catalán tuviera suficiente valentía solo es válido para alguien que suscriba la ideología antisistema y luego —a la hora de la verdad— sabe cambiar de 'look' e instalarse en Suiza.

Claro, hay un medio por el que Jordi Sánchez podría ser elegido 'president' por 66 votos a 65. Pero ello exigiría que Puigdemont y Toni Comín dimitieran de diputado y fueran sustituidos. Pero hasta ahora Puigdemont y Toni Comín han rechazado frontalmente esa posibilidad que creen que disminuiría su peso político.

¿Estarán dispuestos a dimitir para garantizar la investidura de Sánchez? En principio, quedarán mal si no lo hacen. Pero hay dos problemas. Uno, dimitir es hacer una renuncia importante. Dos, pese a que dimitan, Jordi Sánchez no será 'president' si el juez Llarena no da el permiso para la investidura presencial.

Se imaginan el ridículo. ¡Puigdemont dimite de parlamentario para que Sánchez sea investido y luego no sirve de nada porque el juez Llarena (un funcionario del Estado español) no concede el permiso reglamentario!

Puigdemont dijo a sus 'consellers', cuando barajó convocar elecciones, que era el 'president' que debía llevar Cataluña a la preindependencia y que no quería ser el culpable de conducirla a la preautonomía y tener que ir por el mundo intentando repartir tarjetas de presidente en el exilio. En realidad, eso es lo que ha hecho, pese a que el independentismo consiguiera humillar al Estado español —por su poca cabeza y exceso de testosterona— ganando las elecciones del 21-D. El colmo de los colmos sería que ahora Puigdemont dimitiera de diputado para investir a Sánchez y que el juez Llarena lo impidiera con una simple providencia judicial. ¡El 'president' resistente y del exilio —que quiere emular a Macià y a Tarradellas— víctima no ya de un general con estrellas sino de un —hasta ahora anónimo— miembro de la judicatura!

ERC es resistente y le ha propinado —vía CUP— una patada a Puigdemont que creía haberla desarbolado con su campaña legitimista: todo lo que no fuera votar a Puigdemont era colaborar con el 155. ¿Votar a Junqueras también? ERC no lo perdona.

El problema es que ERC vuelve a depender de la CUP para su estrategia. Como todo el independentismo desde las plebiscitarias de Artur Mas del 2015. Y aliado a la CUP, el independentismo pierde la capacidad de pensar y de rectificar. Algunos comunistas —no muchos— se salvaron de la gran quema del 89 convirtiéndose en postcomunistas. Ahora los independentistas no lo pueden hacer por dos motivos. Uno, porque no perdieron el 21-D (gracias a las prisiones provisionales sin fianza) y dos, porque optan —incluso en las jugadas aparentemente lúcidas como ahora la de ERC— por encadenarse, no material pero si moralmente, al anticapitalismo primitivo de la CUP.

Resumen ejecutivo. Unos días más de confusión y después —si Dios y la CUP no lo impiden— veremos la investidura de Jordi Turull, un burócrata sin gracia pero que sabe resistir. Eso sí, ERC le condicionará más, bastante más, y Puigdemont pintará un poco menos.

Y hasta que eso pase Rajoy continuará sin presupuestos. Por mucho que a él y al inteligente Iñigo Urkullu les preocupe. Por cierto, ¿para Albert Rivera es bueno o malo que Rajoy siga sin presupuestos?

FUENTE:  Columna de opinión "Confidencias Catalanas" - JOAN TAPIA - https://blogs.elconfidencial.com - (PULSE AQUÍ)
 

LO + Leído...