lunes, 26 de noviembre de 2018

(España) El método 'Bullet Journal' para aprovechar el tiempo (sin usar la tecnología)

A todos los que hayan fracasado estrepitosamente al intentar llevar una agenda actualizada, escribir un diario o acostumbrarse a alguna de las muchas ‘apps’ que existen para organizar el tiempo, les parecerá increíble que millones de personas hayan conseguido ser más productivas, incluso mejorar sus vidas, sumándose al ejército de seguidores del Bullet Journal Method. ¿Por qué? Porque a priori es el sistema más simple y poco rebuscado que te puedas encontrar.

Un cuaderno cualquiera y un bolígrafo es todo el material que necesitas para llevar a cabo este ‘lifelogging’ analógico, aunque comprando el cuaderno oficial (que cuesta 24,95 dólares, cerca de 22 euros) te ahorrarás el tiempo necesario para prepararlo. Si lo haces por ti mismo, tendrás que crear los módulos o colecciones. Los más habituales son cuatro (el índice y tres ‘logs’: futuro, mensual y diario), pero se anima a que cada cual quite o añada lo que considere oportuno para que el ‘journal’ se adapte a sus necesidades. Una vez listo, se sigue un sistema basado en listas de bolillos (‘bullets’, en inglés) para apuntar tareas, eventos y notas en los diferentes aparatos. También hay una serie de símbolos que facilitan la organización y permiten ajustar la prioridad de las tareas, crear subtareas o mover los distintos elementos en el tiempo para, por ejemplo, aplazarlos.

Aunque el funcionamiento es realmente sencillo, los que jamás hayan oído hablar del método podrán encontrar en el libro que la editorial Planeta acaba de publicar en España las indicaciones y consejos de su creador, el austriaco afincado en los Estados Unidos Ryder Carroll, un diseñador de productos digitales, desde ‘apps’ hasta videojuegos, que ha trabajado para empresas como Adidas, Vogue, The Wall Street Journal o HP.

Aunque sus vídeos los han visto millones de personas, le han invitado a dar una charla TED y hay una enorme comunidad global entusiasmada con su método, lo cierto es que Carroll no ha inventado la rueda. De hecho, él mismo asegura que la clave de su método no está en el propio cuaderno, ni siquiera en el sistema de productividad. “El Método Bullet Journal no es un cuaderno, aunque pensarlo es un error común”, explica en una entrevista con Teknautas. “Es una práctica de ‘mindfulness’ disfrazada de sistema de productividad”. Lo que de verdad importa no es el modo en que ponemos las tareas negro sobre blanco, pues cada uno debe descubrir cuál le funciona, sino que el mero hecho de anotarlas en papel, dejando a un lado el resto de cosas por un momento, nos permite pararnos a reflexionar.

“Vivimos en un tiempo en que hay una generación entera que no sabe lo que es vivir sin internet”, afirma. “Pienso que no es una coincidencia que, de repente, los niveles de ansiedad y depresión se estén disparando. Es la falta de conciencia sobre nosotros mismos”. Y al separarnos de la pantalla y sentarnos frente al cuaderno a escribir sobre las cosas que hacemos y queremos hacer, sugiere Carroll, empezamos a tomar conciencia de nuevo. “Cosas muy interesantes suceden cuando ya no estás distraído. El mundo se ralentiza. Puedes pararte y pensar, en muchos casos por primera vez en mucho tiempo”.

La forma en que empezó todo es buena muestra de que lo importante es el cambio de mentalidad. Carroll era un adolescente cuando comenzó a escribir sus ‘journals’, a organizar su vida en un cuaderno y a desarrollar ese sistema que, después, compartió con sus amigos y acabó siendo un fenómeno viral. Lo hizo para contrarrestar el déficit de atención que sufría y los efectos negativos que implicaba en su capacidad de completar tareas de un modo productivo.

Hoy considera que todos tenemos un poquito de ese déficit por culpa de internet y la constante distracción que representa: “En la era digital, la información es ilimitada, la tecnología es ilimitada. Tenemos infinitas opciones para distraernos, pero nosotros, como personas, somos muy limitados. Nuestro tiempo y energías son muy limitados”.

No se trata de oponerse o renunciar a la tecnología, sino de liberarse de ciertas esclavitudes que nos han ido alejando de lo positivo y lo valioso que nos puede aportar. “Creo que la tecnología puede ser increíble para muchas cosas”, admite, “pero hay algunos puntos en los que creo que alejarse de la tecnología es significativamente más efectivo”.

Un buen ejemplo pueden ser las redes sociales, que para Carroll, “son un poco como el Salvaje Oeste”. No es que sean buenas o malas, es que “no hemos recibido una educación sobre cómo usarlas” y “si las usas de una forma muy específica puede ser muy positivas”, pero las decisiones que toman los gigantes de internet no siempre van en esa dirección.

“Al principio Facebook era genial, y durante mucho tiempo fue una cosa muy buena”, recuerda Carroll, “pero con los años cada vez había menos contenido, más publicidad, y al final eran todas esas empresas poniendo ahí sus cosas. Y luego llega el problema de las ‘fake news’ y ya ni siquiera sabes qué es real. Yo no quería ninguna de esas cosas. Yo quería Facebook para conectar con amigos que no he visto en mucho tiempo. Solo eso”.

“Facebook puede ser una magnífica manera de conectar con viejos amigos, pero también puede ser una magnífica forma de tirar dos horas a la basura”, apunta el creador del ‘bullet journaling’. A su modo de ver, el problema es que nos hacen “activar el piloto automático” cuando las abrimos y empezamos a cotillear. “Dejas de pensar, simplemente estás reaccionando a lo que ves”, afirma. “Creo que es importante que empecemos a responder”. En definitiva, tomar las riendas y quedarnos solo con lo positivo. Si al cerrar la aplicación sentimos infelicidad o culpa, la próxima vez que la abramos deberíamos tenerlo en cuenta y repensar los términos de nuestra relación con esa red social.

“Mi placer culpable es Instagram, porque me encanta seguir a gente cuyo trabajo es genial y fantástico”, confiesa Carroll. “No soy inmune a estas cosas, pero me doy cuenta de que si no las uso con cierta intención y sigo demasiadas cosas, entonces no estoy sacando ningún valor y es solo una distracción”.

Precisamente en las redes se ha producido un efecto secundario de la viralización del ‘bullet journaling’. Se cuentan por millones las personas que despliegan todo su talento artístico para adornar y embellecer sus cuadernos, y luego los comparten a través de plataformas como Instagram o Pinterest con toda la comunidad. “Es como una nueva forma de arte”, señala Carroll, aunque no era para nada su intención que esta corriente surgiera ni es en absoluto necesario ser un artista en potencia para seguir su método. “Yo nunca comparto mi cuaderno con nadie”, reconoce. “Al final el ‘bullet journal’ es para ti y para nadie más, y es algo que intento dejar claro a la comunidad. Si quieren compartirlo, está bien, pero la prioridad son ellos”.

Por eso sus ‘journals’ favoritos son aquellos que la gente utiliza como herramienta para superar algún determinado reto de su vida, como lo hizo él mismo con su déficit de atención. “Puede ser cualquier cosa, desde lidiar con dificultades en el colegio o gestionar proyectos hasta retos verdaderamente complicados. He visto muchos ejemplos de ‘bullet journals’ sobre cuidados paliativos, lidiar con gente en condiciones médicas muy graves o enfrentarse a una depresión”, ejemplifica. Y no solo le gusta y le conmueve que su método le sirva a estas personas para sobrellevar mejor sus trances, sino también que a veces los compartan con otros que están pasando por lo mismo, ayudándose entre sí. “Han adoptado mi sistema y lo están usando para cosas que me abruman”, sentencia.

Pero no hace falta tener un gran motivo más allá de la propia necesidad de organizarse y reclamar el tiempo que internet nos ha robado a todos. Los que hemos fracasado con la vieja agenda, el diario y las ‘apps’ de productividad podemos encontrar en el Método Bullet Journal no solo un sistema analógico que nos ayuda a lidiar con el estrés de la era digital, sino también esa lección de ‘mindfulness’ que el autor nos había prometido.

Como esa peculiar e interesante forma de entender los objetivos que Carroll nos explica con una analogía. “Cuando me marco un objetivo, nunca espero completarlo”, asegura. “Para mí, un objetivo es como un faro. El barco nunca va hacia el faro, sino que usa el faro para no perderse, para no estrellarse contra las rocas. Yo me fijo objetivos para no perderme y para no cometer errores. Es solo una forma de guiarme hacia esa tierra a la que quiero llegar”. Y no parece que funcione nada mall. Ya son millones de personas las que viajan en su mismo barco y han hallado en el sistema que inventó de joven un faro que les guía.

FUENTE: Con información de JOSÉ MANUEL BLANCO - https://www.elconfidencial.com
 

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