viernes, 29 de noviembre de 2019

Prensa panameña, ¿a dónde vas? (+Opinión)

Por: Hermes Sucre Serrano - A mediados de 1990, la bulliciosa redacción de La Estrella de Panamá enmudeció a la espera de un anuncio de última hora del jefe de planta, Juan Carlos Duque. Estaba rojo y nervioso, se ajustaba -una y otra vez- el puño de la panabrisa.
Y al fin soltó la primicia: “La próxima semana recibirán clases de computación; vamos a reemplazar las máquinas manuales de escribir por computadoras”.

“¡Ay madre que muero virgen!”, gritó Adolfo “Yen Yen” Pérez, quien de seguro había vivido un trauma similar cuando se eliminó la tipografía en plomo (pesados linotipos) por el offset.

Se avecinaba el final de las fieles máquinas Remington, Hermes, Underwood, Royal, Olympia, Olivetti, que por décadas fueron el machete de aquellos titanes del periodismo tradicional.

Entonces escribíamos en cuartillas (hoja tamaño carta) y corregíamos textos con lápices ebony, parecidos a los que usan las mujeres para delinearse las cejas.

La transición fue dura, pero nadie puede ponerle talanqueras al progreso.

Abrimos el debate sobre la urgente necesidad del periodismo panameño de cambiar el paso.

Ignorancia y poder

Franklin Castrellón, grandes ligas del periodismo, dice que el problema con los nuevos reporteros es su pobre dominio del idioma y escasa formación cultural.

Aparte de los errores gramaticales, desconocen la semántica; ignoran la historia local y universal, no saben de la globalización, del orden internacional y del rol que juegan hoy la sociedad civil y organismos como la ONU, OMS, UNICEF, OMI, FMI.

“La formación en valores éticos es nula y la mayoría se inclina más por el 'balance' en las noticias que por perseguir la verdad”.

Cuestiona a colegas que entrevistan por igual; asignan el mismo peso a lo que digan los acusados de corrupción y sus abogados, que lo revelado por las investigaciones periodísticas o el Ministerio Público.

No se preparan para entrevistar ni conocen el perfil de las fuentes, por ello son fácilmente “goleados” con falsedades. Y como desconocen el tema, no pueden repreguntar. Se van a la redacción con el morral lleno de mentiras.

El otro Titanic

Julio Briceño (RAC), caricaturista político, considera que aparte de la pérdida de credibilidad, el periodismo local apenas resiente ahora la crisis mundial de la profesión, que data de hace 20 años. “Nos llegó tarde, apenas hace dos años”.

“Funcionamos con modelos obsoletos. Debemos estudiar a fondo cómo la tecnología ha cambiado los procesos mentales del público. Modernizarse no es únicamente en el uso de computadoras y teléfonos inteligentes”.

Los nuevos tiempos, agregó RAC, exigen actualizar conocimientos, una sólida cultura universal, comunicación en más de un idioma, dominio de técnicas y métodos investigativos, manejar a fondo los temas noticiosos para poder guiar al público.

“Debemos dejar esos lamentables espectáculos, en los que abundan las preguntas que no conmueven por su simplicidad, sino por la ignorancia tan básica que denotan. Sin cambios, seremos otro Titanic más”, profetizó.

Carlos Guevara Mann, politólogo, historiador y profesor de maestría en Florida State University, no se anda con paños tibios:

“Muchos periodistas locales carecen de formación; sus referencias históricas, sociales y culturales son limitadas (en algunos casos, casi nulas); su vocabulario paupérrimo; su dicción vergonzosa y su capacidad de expresión, reducida”.

Los peores, añade, son los medios audiovisuales, incluyendo las redes sociales. “Con contadas excepciones, escuchar un reportaje o un programa de opinión es una experiencia martirizante, por la pobreza de los planteamientos, las agresiones a la sintaxis, ignorancia de los antecedentes, estridente entonación, cargada de gritos y chillidos” (tomado del artículo 'Día del Periodismo' publicado el 13 de noviembre de 2019 en el diario La Prensa).

Por su lado, James Aparicio, profesor de periodismo y director del periódico Metro Libre se refiere a la enseñanza del periodismo universitario.

Las escuelas universitarias de periodismo han perdido la sintonía con la realidad. Se quedaron en el siglo pasado; las rebasaron la tecnología y las redes sociales.

“Dichas escuelas fueron esquinadas por intereses ciudadanos, que buscaron sus propios espacios ante un ejercicio profesional que se acomodó y dejó de preguntar, desafiar. Investigar, enfrentar y hasta jugársela”.

Recomienda acercarse a las comunidades para transformar el pensum académico, comenzar a ejercer en las escuelas con el celular, la tableta y la laptop. “El wifi no es enemigo del periodismo: es un aliado poderoso”.

“El periodista se resiste. La incorporación (a la tecnología) es lenta y hasta torpe. Falta capacitación. Los cambios siempre duelen, pero no nos esperan”, reiteró Aparicio.

“El último que apague la luz”

Flor Ortega, profesora de periodismo y de ética, exdecana de Ciencias Sociales de la Universidad Santa María la Antigua (USMA), recuerda lo siguiente:

“En 2013, Lluis Basset, por entonces columnista y director adjunto de El País (España), en su libro El último que apague la luz, hablaba de las etapas que concluirían con el fin del periodismo como lo hemos conocido, porque los lectores han cambiado y ahora el protagonismo lo tienen los ciudadanos”.

Opina que las universidades no deben graduar profesionales para ir a emplearse en los medios; estos ya no son empleadores. Necesitan desarrollar el pensamiento crítico y la autonomía profesional, ser capaces de emprender iniciativas.

Lo interesante de este nuevo escenario es que los estudiantes son conscientes del potencial de la tecnología. Las universidades deben mantenerse a la altura de las expectativas de las nuevas generaciones de comunicadores.

Asegura Ortega que el periodismo, como elemento vital de la sociedad, no va a desaparecer, pero requerirá periodistas innovadores, éticos, competentes y capaces de responder a los cambios que demandan los lectores y las audiencias.

Decadencia

Grisell Betancourt, expresidenta del Colegio Nacional de Periodistas (CONAPE) y reportera de investigación, coincide en que el periodismo panameño está golpeado por la crisis económica, los despidos masivos y fallas en el desempeño.

Como un retroceso, califica la eliminación de las unidades investigativas y el periodismo especializado, el reemplazo de profesionales locales por extranjeros y la falta de noticias nacionales por despidos de corresponsales.

Algunos periodistas son conformistas, les falta empuje para meterse de lleno en la investigación con sus propios periódicos en línea. Este periodismo de emprendimiento ha dado buenos resultados en Colombia, Argentina, Venezuela, México y El Salvador.

Ya casi no hay periodismo especializado: judicial, de salud pública, policivo, económico, político, cultural, ecológico, de riesgos y desastres naturales, científico, turístico, etcétera.

“Tenemos que regresar al periodismo de compromiso. Esta generación está vacía, no leen ni tienen cultura general. Traen deficiencias desde el hogar, la primaria y la secundaria. No tienen noción de la evolución del periodismo panameño”.

Betancourt dijo que se destina demasiado espacio a la crónica roja, por el rating. “La noticia sobre crímenes necesita tener rostro humano”.

Desprotegidos

Garritt Geneteau, director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Panamá, aboga por la estabilidad laboral de los periodistas y habla de la enseñanza universitaria.

“Los medios de Comunicación despiden a periodistas porque no hay una ley que regule el ejercicio de la profesión. Hay un vacío por falta de convención colectiva”.

Leer constantemente es un hábito que se inculca a los estudiantes y que deben practicar a lo largo de su vida profesional. También se aprobó un nuevo plan de estudio, compatible con los tiempos, que posiblemente entrará en vigencia en 2020.

“La tecnología digital es importante, pero todavía hay que combinar esta novedad con el periodismo convencional. Seguiremos formando adecuadamente a los nuevos profesionales”, concluyó.

Termino este escrito con un pensamiento del célebre periodista estadounidense Joseph Pulitzer: “El poder para moldear el futuro de una República estará en manos del periodismo de las generaciones futuras”.

FUENTE: Artículo de Opinión - Hermes Sucre Serrano - La Estrella de Panamá
 

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