miércoles, 26 de agosto de 2020

(Colombia) Gonzalo Guillén, el periodista detrás de las investigaciones de la ñeñepolítica

Desde hace ya varios años, cada 20 de julio, desde temprano y sin falta, una enorme bandera de Estados Unidos despunta ondeante por la ventana del apartamento de Gonzalo Guillén en el norte de Bogotá. Al mismo tiempo, en todas las porterías aledañas izan la tricolor colombiana en un ritual tan automático como superfluo. “A mí sí no me da vergüenza decir que la bandera nacional es la gringa”, dice Guillén entre risas. “Yo siempre la tengo ahí en la sala lista para cuando todas estas huevonadas fascistas, que dicen que pongan la bandera en la ventana, entonces yo pongo la de Estados Unidos”.

A Guillén se le conoce en la era de las redes sociales por sus comentarios agrios en Twitter —plataforma en la que ya acumula cerca de 300.000 seguidores— y por sus espinosas denuncias en La Nueva Prensa, un medio digital que ayudó a fundar en 2018. Quizás la más estruendosa de sus recientes cruzadas fue la que emprendió en contra de la mafia de La Guajira: Guillén investigó los asesinatos de Yandra Britto, entonces alcaldesa de Barrancas, de su marido y de su escolta, y resolvió denunciar ante la Fiscalía General de la Nación al exgobernador Juan Francisco Gómez Cerchar, más conocido como “Kiko” Gómez, y a sus compinches, con un memorial repleto de pruebas.

En gran medida, gracias a la evidencia indubitable presentada por Guillén y la presión generada por sus publicaciones, “Kiko” Gómez fue condenado en 2017 a 55 años de cárcel por los tres homicidios. Con un rimbombante “lo voy a matar así me gaste mis últimas monedas”, el exgobernador juró venganza contra Guillén, sumándose a la amplia lista de matones que han prometido “pasarlo al papayo” a lo largo de su carrera como periodista.

En ese entonces, el llamado de organizaciones de defensa a la libertad de prensa, como la CPJ y la FLIP, logró que la Unidad Nacional de Protección reforzara su —ya nutrido— esquema de seguridad, mientras que Naciones Unidas tituló en mayúscula un contundente comunicado de apoyo: “La oficina de la ONU para los Derechos Humanos expresa su preocupación por las amenazas en contra del periodista Gonzalo Guillén”. Gajes del oficio: Guillén hace tiempo se hizo a la idea de que, para seguir trabajando en el país, varios escoltas armados lo deben seguir de día y de noche, como su propia sombra.

Sus hazañas son divulgadas, comentadas y compartidas en tiempo real por miles de cibernautas que, hoy por hoy, ven a Guillén como un justiciero del periodismo nacional, un vigilante de la moral pública que investiga a los gánsteres del bajo mundo y los castiga con el látigo del cuarto poder —una versión un tanto caricaturesca, a lo Dick Tracy, pero no del todo falsa, del reportero bogotano. Sea como fuere, su alter ego de influencer twittero es lo único relativamente nuevo ya que el Guillén de carne y hueso lleva más de cuatro décadas dando de qué hablar.

Hay quienes dicen, medio en broma, que Gonzalo tiene alguna pizca de vocación suicida en el inconsciente: desde el periodismo, se ha pasado la vida revirándole a los estamentos del poder en Colombia, a los gobiernos y a las mafias, o mejor, a los gobiernos de la mafia. Guillén publicó sus primeros artículos a mediados de los 70 cuando entró a trabajar en el periódico El Tiempo —en la vieja sede de la Calle 13, con Enrique Santos Castillo como redactor en jefe. Allí ganó dos Premios Simón Bolívar de Periodismo, uno detrás de otro: en el 79, tras documentar la matanza de migrantes colombianos en Venezuela, y en el 80, al destapar la corrupción en los aeropuertos. Desde entonces, sus investigaciones han sido piedras en los zapatos para el bandidaje criollo de castas bajas y altas. ->>Vea más...

FUENTE: Con información de Ramón Campos Iriarte – El Espectador
 

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