martes, 17 de noviembre de 2020

(Colombia) Señor Duque: espere la cuenta de cobro (+Opinión)

Por Daniel Samper Pizano - 
Es malo para Colombia cuando el presidente de turno se convierte en mascota del gobierno de Washington. Lo hemos sufrido. Pero es peor cuando, arrastrado por complejos de culpa, se flagela y se obliga a dolorosas penitencias en busca del perdón. Semejante destino parece aguardar al régimen del Centro Democrático tras apuntarse al perdedor en las elecciones de Estados Unidos. Los demócratas también saben cobrar cuentas. Así nos pasó hace 70 años y nos fue mal, muy mal.
En 1950 Laureano Gómez fue elegido presidente sin contendores, ya que el Partido Liberal no participó en los comicios por falta de garantías. El gobierno estadounidense del demócrata Harry Truman (1945-1953) recibió el resultado con desagrado. Laureano había sido entusiasta defensor del Eje (Hitler-Mussolini-Hirohito) en la II Guerra Mundial y sus notas contra los judíos en El Siglo despedían pestilencias nazis. De modo que, al subir Gómez, los documentos internos gringos hablaban de que el nuevo presidente no era propiamente un amigo sino un fascista. Así se lo hicieron saber cuando Laureano anunció la tradicional visita de nuevo mandatario. El Departamento de Estado respondió que el cupo de recepción de dignatarios extranjeros “está completo este año” (y corría apenas febrero). Lo peor de todo –y esto lo plasmó el jurista e historiador Carlos Horacio Urán en su tesis de grado en la Universidad de Notre Dame, Estados Unidos— es que, si Truman lo vetaba, el gobierno no podría comprar las armas con que aspiraba a reprimir a la oposición. El Departamento de Estado entró en sospechas cuando Colombia dio en el prurito de solicitar armamento en venta, y así lo dijo francamente un funcionario al embajador: nos preocupa que las armas “se usen para acabar con los liberales”.

En junio de ese 1950 estalló la guerra de Corea y Estados Unidos intentó formar una coalición militar latinoamericana. Laureano decidió jugársela toda en busca del perdón y, mientras nuestros vecinos –pobres como nosotros– ofrecían carne, azúcar, sábanas y fríjoles, Colombia sorprendió con un desproporcionado obsequio. Era una regalazo para “combatir la agresión comunista” de China, consistente en un batallón renovable de 1.063 soldados –que a la postre fueron 5.100 entre 1951 y 1953–, la fragata Almirante Padilla y el pago de los colosales gastos de nuestra participación. Washington aceptó la penitencia y, desechando la negativa inicial de la comandancia del US Army, enfiló el Batallón Colombia al lado de los suyos y se marcharon todos cantando himnos hacia el paralelo 38.

El envío de reclutas criollos fue una decisión “netamente de índole política, y los militares ni siquiera fueron consultados”, escribió Urán. Añadió, sin embargo, que la participación de nuestro país en Corea tuvo “enorme importancia … para el desarrollo futuro, inmediato y mediato, de las fuerzas armadas colombianas”. ->>Vea más...
 
FUENTE: Artículo de Opinión - Los Danieles
 

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