miércoles, 3 de noviembre de 2021

La tradición de los celtas de tallar nabos previa a la aparición de las calabazas en Halloween

Muchos campos de Estados Unidos estuvieron repletos de calabazas de todos los tamaños, y de personas haciéndose con una (o varias) para la noche del pasado domingo 31 de octubre. No solo en el país norteamericano, porque a través de la industria cultural y su influencia, Halloween y su simbología es cada vez más habitual en otros lugares, especialmente en Occidente.

 Si hay un elemento característico de esta fiesta alrededor de la muerte es la calabaza tallada en forma de cabeza espeluznante. Sin embargo, su característica presencia es más reciente de lo que parece: hasta el siglo XX este fruto no formó parte de la tradición. ¿Qué pasaba antes?

El origen de la celebración nos da una pista de lo que hacían en siglos pasados quienes celebraban esta fecha. Se sabe que el Halloween que en la actualidad conocemos es una versión del Samhain, un antiguo festival pagano que la población celta celebraba por el final del verano y con este también de la cosecha, dando paso al invierno, su oscuridad y sus bajas temperaturas, de las que tenían que resguardarse.

De hecho, Samhain se traduce literalmente como "fin del verano" en gaélico. Desde el atardecer del 31 de octubre hasta el 1 de noviembre tenía lugar la transición del equinoccio de otoño al solsticio de invierno. Durante esos dos días, los antiguos celtas pensaban que el espacio entre la vida y la muerte se volvía indistinguible, tan fino que permitía a los espíritus volver al mundo terrenal y oscilar libremente entre este y el otro mundo.

Linternas de nabos

Las personas creían firmemente en las voluntades de las almas perdidas, y eso daba paso al miedo, a las supersticiones y al empeño por protegerse a toda costa. Conocemos la historia de 'Sleepy Hollow', pero mucho antes y al otro lado del Atlántico, era otro nombre que causaba pavor: Stingy Jack. Según la leyenda, Jack habría "engañado al diablo para su propio beneficio monetario", sostiene Cydney Grannan en el portal de ‘Encyclopedia Britannica'. Como castigo, Dios lo expulsó del cielo, pero también el diablo lo echó del infierno, lo que le obligó a "vagar por la tierra para siempre".

Merriam-Webster explica en National Geographic al respecto de este cuento irlandés del siglo XVIII que "el diablo se compadeció un poco de Jack, dándole una brasa de carbón para encender su linterna de nabo mientras deambulaba entre ambos mundos". De aquí nació más tarde el apodo de Jack-of-the-Lantern, o Jack-o'-lantern que hoy sigue utilizándose para denominar las calabazas de Halloween.

Para espantar a Jack y a cualquier alma perdida que pudiera entrar en las casas, las personas no tallaban calabazas, sino nabos, y a veces patatas, rábanos y remolachas. Una tradición que estuvo muy arraigada en Irlanda y otros países de origen celta hasta, al menos, principios del XX.

De la mitología celta a los recientes Estados Unidos

Donna Heddle, profesora de Estudios del Norte en la Universidad de las Tierras Altas e Islas, explicaba a Steven McKenzie en un reportaje para la BBC que se trata de una tradición muy antigua en Escocia e Irlanda basada en la voluntad de los fuegos fatuos y la mitología celta que los colonos y emigrantes llevaron más tarde a Estados Unidos. Al no encontrar nabos, fue entonces cuando comenzaron a usar calabazas.

Asimismo, Heddle recordaba que "toda la celebración de Halloween de hoy ha sido asumida por la versión estadounidense que no se parece a la nuestra".

El profesor de Historia en la Universidad de Bristol Ronald Hutton explica en su libro 'The Stations of the Sun: A History of the Ritual Year in Britain' que la momia y el disfraz era parte de los rituales durante el Samhain desde al menos el siglo XVI, encontrándose pruebas de ello en partes de Irlanda, Escocia, Mann y Gales. "Se trataba de personas que iban de casa en casa vestidas (o disfrazadas), por lo general recitando canciones o versos a cambio de comida. Puede haber evolucionado a partir de una tradición en la que la gente se hacía pasar por las almas de los muertos, y recibía ofrendas en su nombre. También se creía que hacerse pasar por estos espíritus o almas aportaba protección frente a ellos". ->>Vea más...

FUENTE: Con información de Carmen Macías - El Confidencial
 

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