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domingo, 31 de julio de 2022

(Colombia) El fantasma ronda (+Opinión)

Por: Daniel Samper Pizano - Durante décadas mi mamá había madrugado todos los días a dictar clases en un colegio del que luego se retiró, ya viuda, como rectora. Ahora llevaba varios años disfrutando en casa de su pensión, lejos del trabajo, de las aulas, de las preocupaciones. Sus hijos acudíamos a acompañarla con frecuencia para charlar con ella y celebrar su sentido del humor. Un mal día comentó que se hallaba molesta porque “las niñas del colegio se han vuelto insoportables”. Quedamos sorprendidos. ¿Qué niñas? Hacía tiempo no tenía contacto con las alumnas. Pronto pasamos de la sorpresa a la alarma, cuando añadió que pensaba convocar de inmediato a los profesores para ver cómo manejaban la situación. Entendimos entonces que algunos comentarios extraños que le habíamos oído en las últimas semanas eran el preámbulo del momento más temido: la llegada del fantasma. Fue como una pequeña muerte.

Alguien sabe el revés de los tapices, digo, de nuestras vidas, pero es el otro, el fantasma, quien lo teje.
Eduardo Carranza
Las enfermedades de la memoria, que los ignorantes llamamos alzhéimer pese a sus diversos orígenes, son ese espectro que se apodera de algunas personas mayores y pasa a controlar su pasado y su presente. El que teje oscuramente la vida en el revés de los tapices. El que arrastra a su víctima al mundo de la neblina donde suceden cosas impredecibles incluso para los especialistas.

El fantasma es vil, inmisericorde y voraz. En el mundo gobierna a 40 millones de enfermos. En Colombia, a unos 300 mil. Además de cruel, es cobarde. Se solaza sojuzgando a los más viejos, que son los más indefensos y próximos al final. En Colombia, once habitantes de cada centenar entre los 60 y los 85 años padecen el mal de la desmemoria que menciona Cien años de soledad. La proporción alcanza un porcentaje de 33 entre los mayores de 86. Calculo que mi mamá cayó en sus brazos a los 82 años. El monstruo desapareció con ella una madrugada de 2010. Tenía 88.

A medida que transcurre el tiempo, la lista de bajas sigue creciendo. Ya no bastan dos columnas, las de ausentes y presentes. Una tercera, quizás la más amarga de todas, anota a los derrotados en el combate con la memoria. Allí aparecen discretos amigos y conocidos, pero también ilustres compatriotas como Gabriel García Márquez. Y famosos estadistas y científicos y gente del deporte y el arte. A todos daña esta criatura.

Los que más duelen no son los más célebres sino los más cercanos. Personas sencillas que uno conoció por sus capacidades, su brillo, su simpatía terminaron en poder del espectro que todo lo empequeñece, lo mengua, lo destruye. Pienso en O*, brillante ejecutivo, reducido hoy a entretener sus días en pequeños juegos y ejercicios casi infantiles. Pienso en M*, una profesora cuya conversación era una fiesta y ahora se marchita silenciosa y mustia. Pienso en LF*, varios años menor que yo, al que asaltó tempranamente el olvido. Pienso sobre todo en E*, a quien dejé de ver unos pocos meses y esta semana ya no pude encontrarlo más: solo quedan de él vestigios de bondad. Su sabiduría se borró. 

A partir de cierta edad vivimos bajo la amenaza del heraldo negro.  Quizás llegará el día en que la gente que nos rodea se mire entre sí con resignación o angustia. Pero lo peor es el temor a escuchar pisadas del fantasma que se acerca. ->>Vea más...
 
FUENTE: Artículo de Opinión – Los Danieles
 

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