viernes, 24 de mayo de 2019

(España) Así 'secuestró' Zaplana a Bárbara Rey para que no destapase su 'affair' real en Canal Nou

¿Se acuerdan del Padre Apeles? ¿Y de Jesús Mariñas? ¿Y de Karmele Marchante sin bótox ni cirugía? Sí. Antes de Jorge Javier Vázquez, de 'Sálvame' y de la Pantoja lanzándose en helicóptero sobre las hondureñas aguas de 'Supervivientes', existió un antecesor catódico de la telebasura. Se llamaba 'Tómbola', se facturaba en Valencia, en la televisión autonómica antes conocida como Canal 9, e inauguró la migración de la llamada prensa rosa a la pequeña pantalla, con el componente histriónico y excesivo que aporta la caja tonta y que creó una escuela de indiscreción y frivolidad pagada con dinero público.

El 17 de julio de 1997 iba a ser un jueves especial, con una invitada especial y un testimonio especial, destinado a emulsionar en un mismo experimento el papel 'couché' con las cloacas del Estado, el Cesid (precuela del CNI), la Zarzuela, la Moncloa y “las raíces del Occidente judeocristiano”. Pero sobre las 11 de la noche sonó el teléfono de la redacción y tras él se escuchó su voz desesperada. “Descolgué y era ella. María García García, de nombre artístico Bárbara Rey: ‘Me han secuestrado en una habitación cerrada en la tele, no me dejan hablar con nadie ni participar en el programa, te llamo a escondidas. No quieren que salga en 'Tómbola' porque lo voy a contar todo (…). Me han dicho que la orden de no dejarme salir viene de muy arriba. Estoy amenazada de muerte. Temo por mis hijos”.

“Fue su mensaje enigmático, con voz entrecortada. Así, a bocajarro”, escribe el que era su interlocutor al otro lado del teléfono, el periodista Francesc Arabí, en uno de los capítulos del libro que acaba de publicar, ‘Ciudadano Zaplana. La construcción de un régimen corrupto' (Akal/Foca). Arabí fue un testigo excepcional de aquel episodio, en el que la guardia de corps del entonces presidente de la Generalitat, Eduardo Zaplana, se arremangó para que el instrumento de prograganda y autopromoción que ya era la TV autonómica no deviniera en altavoz de la vedete y arruinara la carrera ascedente del joven político de Cartagena. "Con el paso del tiempo, el conocimiento de los personajes que participaban en aquel embrollo y la magnitud del caso, mi impresión se atemperó. Aquella teatralización de dama en apuros y amenazada por conocer secretos de Estado, de alcoba de Estado, no fue tan excesiva como me había parecido entonces". ->>Vea más...

FUENTE: Con información de VÍCTOR ROMERO - El Confidencial
 

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