miércoles, 17 de julio de 2019

La xenofobia en Panamá (+Opinión)

Por: Dr. Omar Jaén Suárez - Los brotes de xenofobia, es decir el miedo al extranjero y su rechazo, no son nuevos en Panamá y en ocasiones se tiñen simplemente de vulgar racismo. En el siglo XIX se manifestaron por la avalancha de viajeros en tránsito hacia la California con incidentes graves como los de 1856.

Desde principios del siglo XX renace la xenofobia cuando el país se llena literalmente de extranjeros. Después de terminada la construcción del Canal, en 1920 se registraba 12% de población extranjera en todo el territorio nacional, mientras que en la región de tránsito era un tercio.

El resultado fue una reacción visceral que se manifestaba en un nuevo lema: “Panamá para los panameños” que reivindicaban los líderes nacionalistas de Acción Comunal de la década de 1930. Concepto que recogió el doctor Arnulfo Arias Madrid que añadía el estigma infame de las razas indeseables: los negros anglófonos, los orientales –chinos-, los indostanes y los árabes y judíos del Medio Oriente. Quedó su exclusión registrada en la constitución de 1941.

Panamá ha sido tierra de asilo e inmigración desde el siglo XIX. En el XX recibimos a perseguidos políticos de toda la América Latina y hasta de España desde la guerra civil que comenzó en 1936, además de los que escaparon de las garras de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Recordemos la llegada de los cubanos que aún podían escapar del gobierno totalitario de la isla del Dr. Castro desde que en 1960 comenzó a hundir a Cuba en la mayor miseria material y política. Siguen los millares de colombianos que huyeron de las violencias de la narco guerrilla de izquierda y de derecha.

Hoy se repite el fenómeno con la llegada de millares de inmigrantes que escapan del terror y el hambre originados por el régimen de Chávez-Maduro. Se añaden ahora los nicaragüenses que huyen del gobierno sanguinario de los Ortega-Murillo.

Los panameños reciben con cada vez mayor preocupación a tanta gente, un poco más de 200 mil extranjeros (30% colombianos y 10% chinos) que conforman hoy alrededor del 5% de la población nacional, pero concentrada más bien en el Gran Panamá en donde pueden ser cerca del 10%. Es suficiente para que se manifieste, en época de desaceleración económica y su consecuencia en el desempleo, la xenofobia alimentada por los políticos oportunistas y por los medios irresponsables.

La xenofobia parece tanto más extraña cuanto que Panamá tiene una población que proviene desde el principio, desde el siglo XVI, esencialmente de inmigrantes.

¿Quién en Panamá no tiene un padre, un abuelo o un bisabuelo que haya nacido en el extranjero? Casi nadie en verdad. Además de los españoles y los esclavos africanos, llegaron al istmo los indígenas que están hoy al este del Canal: los kunas y los chocoes vienen de Colombia desde finales del siglo XVI.

Es bien conocido que el umbral de tolerancia del extranjero -concepto ahora por algunos más discutible- es del 10% al 20% en una comunidad, y es menor el rechazo entre los nacionales mejor educados y con más ingresos. El fenómeno de intolerancia es mayor cuando la comunidad es más pequeña y cuando el inmigrante es de cultura diferente –por la lengua y la religión principalmente-. Se manifiesta por el discurso de rechazo y hasta el insulto.

Algunos achacan al extranjero su crítica situación económica personal, la ocupación de un puesto de trabajo que estima debería corresponder a un panameño o, lo indecible, la competencia pretendidamente desleal. Se ignora, eso sí, que la inmensa mayoría de los extranjeros que llegan son jóvenes con por lo menos educación secundaria, a menudo superior a la que se obtiene en Panamá –sobre todo en la escuela pública-. Muchos ostentan una educación universitaria y un oficio útil. No pocos tienen experiencia laboral y brindan sus servicios con eficiencia y amabilidad dignos de emulación, lo que ha mejorado notablemente el servicio en plurales empresas. Otros invierten capitales y crean empresas productivas con sus consecuentes empleos. Todos traen una educación que nada nos ha costado a los panameños.

Panamá presenta la paradoja de un país fabricado por inmigrantes que rechaza extranjeros que llegan hoy, bajo el pretexto que generan desempleo entre los nacionales y compiten por recursos limitados. No es un fenómeno nuevo. Una abundante legislación se ha ido adoptando a lo largo de décadas que limita los derechos de los nacidos en el exterior. Por ejemplo, son 56 profesiones reservadas sólo a panameños. ¡Alucinante! ¿Cuántos profesionales y técnicos talentosos y laboriosos, profesores de elevado nivel intelectual evitamos por una normativa tan absurda como demagógica adoptada en contra de nosotros mismos? Hay miles de graduados en nuestras flamantes universidades que ni siquiera saben hablar correctamente en español y menos aún escribir sin errores su lengua materna. Los escuchamos en las televisiones y en las radios todos los días, comenzando por periodistas que laboran como comunicadores sociales. Es igual en muchos políticos electos, especialmente diputados, alcaldes y representantes.

Queremos ser un hub regional que preste servicios a un mercado internacional y excluimos a extranjeros con buena formación que manejan correctamente varios idiomas y las tecnologías más avanzadas. Queremos mejorar el bajísimo nivel educativo pero no permitimos que profesores extranjeros formados en las mejores universidades del mundo puedan ejercer libremente porque docentes mediocres temen la competencia académica de verdad. ¡Un premio Nobel no podría ejercer normalmente en la Universidad de Panamá ni, si es médico, ejercer su profesión! Increíble pero cierto.

Olvidamos que así como hay muchos inmigrantes en Panamá cerca de 150 mil panameños han emigrado y viven en otros países, (76% están en Estados Unidos). Muchos, incluyendo los que están en Panamá, envían remesas a sus países de origen, fruto de su trabajo, lo que es natural.

Nuestra política migratoria debe ser sensata y responsable para responder al interés nacional y no a arrebatos xenofóbicos. Ojalá surja una nueva generación de líderes políticos capaces de enfrentar este problema de manera racional y de resolverlo para beneficio real de Panamá. De eliminar, además, el vergonzoso espectáculo de la xenofobia en nuestra legislación y proscribirlo de nuestro imaginario colectivo. Será obra inmensa y fecunda de gobierno y de educación.

Geógrafo, historiador y diplomático

Panamá, 15 de diciembre de 2018.

FUENTE: Artículo de Opinión
 

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