domingo, 20 de diciembre de 2020

(EE.UU.) La sonrisa presidencial (+Opinión)

Por: Antonio Caballero -
Mientras Donald Trump despide el año, y los cuatro de su desastrosa presidencia, en un charco de sangre (17 ejecuciones capitales en el último mes de su mandato, acompañadas del perdón presidencial para sus amigos delincuentes y la insinuación de que también va a perdonarse a sí mismo y a su familia cercana por los delitos cometidos o que puedan cometer), el mundo en general lo despide con un rayo de esperanza. Hay vacuna, varias vacunas de distintas empresas farmacéuticas y distintos países, para la peste del covid19; y se va Trump, aunque resistiéndose con patas y manos; y el nuevo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, se compromete a volver a firmar por su país el Acuerdo de París contra el calentamiento global, del cual lo había sacado Trump. Y con ello le devuelve la sonrisa a los Estados Unidos.

Quiero decir: la sonrisa presidencial, que le inyecta optimismo a todo su país. Vuelve con Biden, que sonríe sin cesar: una sonrisa fija, como pintada con tiza en la cara. También sonríe, y más todavía, su vicepresidenta Kamala Harris. Es una tradición presidencial que había interrumpido Donald Trump, quien nunca sonrió en todo su período: hacía a lo sumo una mueca con los labios, impostada y despectiva, que en inglés no se llama “smile” sino “smirk”, y era más inclinado a mostrar solo los dientes inferiores en un gesto de rabia: lo contrario de una sonrisa. Pero el primero que había empezado a sonreír en público y para los fotógrafos había sido Woodrow Wilson, no sé si en razón de los avances de las ciencias odontológicas de principios del siglo XX. Porque todavía a finales del XVIII el primer presidente de los Estados Unidos, George Washington, se abstenía de sonreír, no solo por no interrumpir su habitual pose heroica sino porque tenía caja de dientes. Tallada en marfil. Y se cuenta que no le gustaba su sabor, por lo cual la dejaba por las noches remojándose en un vaso de vino dulce de Oporto. Después no sonrió ninguno, que se sepa, durante todo el siglo XIX. ¿Alguien ha imaginado la sonrisa de Abraham Lincoln, que debía ser macabra? ¿O la sin duda feroz de Theodore Roosevelt?

Pero en la época de Washington, anterior a la fotografía, los pintores retratistas no solían pintar sonrisas. Si acaso risas, como Franz Hals o Goya. La sonrisa de la Gioconda de Leonardo es una excepción, y hay expertos odontólogos que la atribuyen a que también ella, como más tarde Washington, tenía una dentadura postiza que le forzaba su luego célebre gesto enigmático. ->>Vea más...
 
FUENTE: Artículo de Opinión – Los Danieles
 

LO + Leído...